Categoría: El diario del bajista

Los Marañones en L’Olleria, 25 de noviembre de 2016

El equipo: Miguel Bañón, guitarra y voz; Carlos Campoy, conducción y teclado; Román García, conducción, bajo y coros; Pedrín Sánchez, batería y coros; Rafa Gómez, organización y vídeo.

Nos juntamos Miguel y yo en el ensayo, cargamos el coche y volvemos a mi casa. Se me ha olvidado el equipaje. Salimos por fin, con un poco de retraso, y vamos oyendo los últimos discos de Jeff Lynne y de Paul McCartney. Lo que viene siendo música moderna antigua.

Por el camino, cerca de Alcoy, nos ponemos en contacto con la otra expedición, la de Carlos, Pedrín y Rafa, que había salido también con un poco de retraso, por culpa del atasco del Black Friday y los centros comerciales.

—Vamos delante un poco por el túnel.
—¿Cómo se puede ir un poco por un túnel?
—Es verdad. O se va o no.
—Nosotros acabamos de salir del túnel. Pero lo hemos cogido por el hueco.
—Sí, es mejor.

Finalmente conseguimos llegar todos a L’Olleria, en Valencia, y encontrar el restaurante donde tocamos, Casa Manolo, donde nos esperaba el propio Manolo. Empezamos a descargar y a montar el equipo y mientras tanto comenzamos a atar cabos y a tratar de remontarnos a las últimas veces que anduvimos por aquí.

En concreto, habíamos tocado ya en L’Olleria otras tres veces, pero entre 1993 y 1994, es decir, hace veintidos años. Las dos primeras veces fue en el Vatikano y la última en La Real. Mis recuerdos de aquellos días son muy difusos, pero desde siempre me había quedado con la idea de que en L’Olleria se lo pasaba uno muy bien.

Mi principal recuerdo de nuestro primer concierto en L’Olleria es pasar el día de aquí para allá por todo el pueblo con Mariano Tejera, nuestro manager de aquellos tiempos, y dos amigos de allí que eran los que nos habían contratado. Es un recuerdo muy tonto, pero lo tengo grabado en la memoria: esa mañana uno de ellos había ido a la óptica a hacerse unas gafas nuevas, pero se las habían hecho pequeñas y no le llegaba bien la pata a la oreja. Esto se lo contó al otro en valenciano, y luego nos lo explicó a nosotros en español. La cosa es que durante todo el día, cada vez que se encontraba con algún conocido, acababan hablando siempre de lo de las gafas, de forma que Mariano y yo acabamos aprendiendo una de nuestras primeras lecciones de valenciano. La historia de aquél de L’Olleria al que no le llegaban las ulleres a las urelles.

Manolo nos cuenta que en aquellos tiempos él ya tenía su bar y a veces se iba a poner música al Vatikano, así que también pasó algunos buenos ratos con nosotros. Seguramente fue en su bar donde escuché la historia de las gafas en alguna de las ocasiones. Me acuerdo de una mesa con diez o doce personas, todas hablando en valenciano, hasta que alguno de ellos pensó en nosotros y dijo: «Vamos a hablar en castellano, que estos dos no se están enterando de nada», pero Mariano y yo dijimos que no se preocuparan, que a estas alturas ya nos sabíamos la historia y les entendíamos perfectamente.

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Volviendo al presente, con ayuda de un muchacho muy amable que se encarga del equipo (y cuyo nombre he olvidado, siguiendo mi mala costumbre), Miguel consigue que aquello suene, más o menos. Casa Manolo es un restaurante y la entrada del concierto incluye la cena. Es decir, delante del escenario hay preparadas unas cuantas mesas con manteles y cubiertos, y la idea es que empecemos a tocar cuando vayan por los cafés. Va a ser raro, pero bueno, en fin, ya veremos.

Nos vamos al hotel, que está al ladito, y nos distribuimos por las habitaciones teniendo en cuenta el factor ronquido, aunque nunca llueve a gusto de todos. Una vez instalados, nos bajamos de nuevo a Casa Manolo a cenar en un reservado mientras los asistentes cenan también en sus mesas reservadas. Esther, la camarera, nos trae los cafés y los licores, y aprovechamos ese momento relajado para grabar un saludo para Ángel H. Sopena, cuyo programa de radio en Onda Regional de Murcia, Música de contrabando, cumple 25 años. Hacemos un guión previo (inspirado por un chiste de romanos que sabemos que le gusta mucho a Ángel), Carlos dirige la acción y Rafa graba el vídeo con su teléfono móvil. Pero luego no hay forma de subirlo a la red, por falta de batería, de cobertura, de aplicación apropiada, o por todo a la vez. Mañana lo mandamos.

Llega el momento del concierto y subimos al escenario. Allí están todos. Tomándo café y de conversación. Bueno, lo que sea, será. Allá vamos.

Al principio todos miraban desde sus mesas y parecían a gusto, pero a eso de la tercera o cuarta canción, una chica se levantó y empezó a bailar, lo que animó a otra, y poco a poco fueron casi todos levantándose de las mesas para ponerse a bailar o aunque sea a mover la cabeza al rtimo de la música. Nos dimos cuenta de que muchos se conocían las canciones antiguas, e incluso había quien se las conocía todas, incluso las del último disco.

El repertorio: «Para decir adiós», «A Hawái», «El misterio de tu amor», «Yo no soy Supermán», «Francesca Salazari», «La memoria del extranjero», «Mi amor es para Luci», enlazada con «Shangri-La», «El hombre del melón», en la que hemos retocado un poco el final, para que suene más operístico (bufo), «Cruzando las galaxias», «Mi gato se llama Persona», «Historias sin principio ni final», «Atrapado», «El baile», para la que hemos cambiado un poco los coros, «Saluda al tren», «No soy yo», y la novedad en el repertorio, «Park Avenue Beat», el tema principal de la serie de televisión Perry Mason, compuesto por Fred Steiner en 1957, y que hoy nos sirve de introducción a la última canción del concierto, «Voy loco mama».

A estas alturas ya estaba todo el mundo levantado y los bises se hicieron inevitables: «El final», «Strong Love» (la versión de la versión de Spencer Davis Group), y «Evita hacerlo». Y se acabó.

Nos refrescamos un poco y salimos a charlar con la gente. Resulta que la gran mayoría de estos señores eran los mismos que venían a vernos hace más de veinte años, y muchos no sabían que seguíamos existiendo. Tuve ocasión de hablar un rato sobre sus colecciones con el que nos llevó a tocar a La Real en 1994 (¡ya me he olvidado de su nombre!); charlé con Manolo y unos amigos suyos de Valencia sobre Caballero Reynaldo y Señor Mostaza y sus diferentes conexiones (una era amiga del colegio de uno de sus miembros y la otra prima de otro, pero nunca habían hablado de eso entre ellas); también estuvimos hablando con Vicente, el que llevaba el Vatikano y que terminé reconociendo, y con su amigo, otro Manolo, que fue el que nos hizo las gorras del Club Marañón que vendíamos durante el Tour Agarrao. De hecho, tengo fundadas sospechas de que este último Manolo era precisamente el que había ido a la óptica hace veintitrés años. Por supuesto, él no recordaba nada de eso.

También volví a reencontrar a una pareja de amigos de Gandía que fueron testigos del concierto en el campo de fútbol de Guardamar en 2010, el día que nos hicimos la foto del cartel del salto. En realidad ellos fueron casi los únicos testigos de aquel concierto. También estuvieron en el concierto de la gira Peluca & Bigote en el Wah-Wah de Valencia en 2011, y creo que en alguno más. Están acostumbrados a vernos en entornos peculiares.

A eso de las cinco de la mañana algunos empezamos a pensar en irnos a dormir. Sobre todo porque al día siguiente algunos teníamos que conducir y además algunos (los mismos) teníamos que estar en Murcia a una hora concreta, así que, por muy bien que lo estuviéramos pasando, aquello tenía que terminar. Espero que no tardemos otros veinte años en volver por aquí.

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Caballero Reynaldo & The Grand Kazoo, Barcelona, 21 de mayo de 2009

Aterrizo en Utiel a la hora de comer, y para la siesta, un concierto completo de Sparks. Después, repaso y visita al Pollo. Al día siguiente nos levantamos pronto y nos vamos para Barcelona en el BMW de John Malkovich. Luis, Luis y yo, ésos vamos.

Ya en Barcelona conseguimos llegar al Centre de Artesás Tradicionarius, no sin esfuerzo, ni sin las cuatro vueltas al barrio de Gracia de rigor. Dejamos los cacharros dentro de la sala, justo antes de que cierren, y nos vamos a comer. Al bar de enfrente, claro. Allí están Sergi, de la organización, y los Filthy Habits al completo, así que hay un primer saludo general, que se irá individualizando poco a poco a lo largo de la velada.

Y empiezan a aparecer liZteros. En una primera tanda aparecen el Creador, haciéndose carne entre nosotros, JV, al que no veía desde los ensayos, Javier Marcote, siempre con algo interesante para enseñar (en este caso una reproducción de la carta que Zappa mandó a los encargados de la Expo ’92 proponiéndoles la creación de una Orquesta Mundial), y el inigualable Francesc. Abrazos de oso, saludos cariñosos, esto y lo otro.

De allí al hotel, donde nos esperan Manoel y oZcar, los demás Kazoos. No hay tiempo de siesta ni prácticamente de nada, así que los Kazoos en pleno nos vamos con el instrumental restante a la sala a probar sonido. Como los Filthy no han acabado, aprovechamos para meternos en el camerino y hacer un último ensayo o repaso, mientras mareamos a Olga, la encargada del tinglado, pidiéndole agua mientras intenta informarnos sobre el asunto de la cena partiéndose de risa. Y es que, otra cosa no, pero graciosos somos.

La prueba de sonido. Que si suena, que si no suena, que si más reverb, que si qué es eso, que si suena como Gary Kellgren susurrando en We’re Only In It For The Money (chiste interno), que si el trombón, que si la mandolina, que cuando más la tocas, más se empina, que si se afina, que si no me oigo, que si no te oigo, y al final, como siempre, virgencita, que me quede como estoy. Y al bar otra vez, que nos esperan los liZteros.

En la puerta nos encontramos a Christian (al que no conocía en persona, pero que reconocí al instante) con su hija Elia y otro tipo al que me presenta como Miguel. Yo, en mi proverbial despiste, pensé que era un amigo de Christian y empecé a comerle la cabeza con que si la liZta esto y la liZta lo otro. Poco después comprendí que en realidad era Miguel Tomás, otro liZtero, y que Christian y él se habían conocido unos minutos antes. En fin. Al bar, en cualquier caso.

Allí la cosa ya iba tomando aspecto de auténtica reunión multitudinaria. A ver: el Creador, de Málaga, Luis G. y Luiti «Malkovich», de Utiel, JV, de Valencia, Christian y Elia, de Barcelona, Miguel Tomás, ídem, Javier Marcote, oZcar y Manoel, todos de Madrid y alededores, mi viejo amigo Sebastián Molinero, desde Castellón, Nando Caballero en persona (el único que me faltaba por conocer en persona de los liZteros presentes, aunque ya habíamos hablado por teléfono en alguna ocasión, aunque suene antiguo), Susana, amiga de Manoel, Rosa, amiga de los utelienses, residentes ambas en las tierras que visitábamos, yo mismo, desde Murcia, claro, y ya, para rematar, aparece de nuevo Francesc con Cecilia, su Sra. Señora, y su hija Jenny. Yo no sé contar gente, pero había bastante. Y seguro que me olvido de alguien.

Y, antes de poder acabar las catorce conversaciones que hay abiertas, nos vamos para la sala de nuevo, que nos toca enseguida.

Sobre el concierto, poco que decir: que lo pasé en grande, que es un lujo tocar con estos tres elementos alrededor, y que desde el escenario se podía ver a todos los liZteros sentados en primera fila, así que era como estar en casa. O como en el bar de enfrente, excepto por las cervezas.

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Algunas opiniones autorizadas:

oZcar McCuenca:

Sobre el concierto diré que me sentí muy comodo y feliz. La organización fue excelente y nos trataron de maravilla, la conexión y complicidad entre los Kazoos fluye de manera espontánea y el calor liZtero fue definitivo para pasar una jornada que me devuelve la alegría de haber elegido este oficio, muchas gracias a todos.

JV:

Un éxito, señores. Y menudo moratón tengo en la cara anterior del antebrazo derecho. De aplaudir, sí, ahí. Ya sé que es raro.

Javier Al Fresco:

Sobre el concierto de Caballero Reynaldo y Grand Kazoo: Con clase, con arte, con anécdotas incluidas y risas por medio…Y por supuesto dando a conocer la calidad que atesora.

Francesc:

Señores que conciertazo del Caballero Reynaldo!! Impresionantes las versiones en vivo, sonaban a Gloria caida del cielo.

Christian:

[El concierto de Reynaldo] me emocionó, me divirtió, me hizo sonreír durante esos cortos 30-45 minutos de manera irremediable y satisfecha, y me hizo estar orgulloso de poder decir q soy un poco amigo de estos cuatro cuatreros zappianos. [Caballero Reynaldo] hace q una niña de 4 años sonría durante 40 minutos (no digamos entonces ya los mayores).

Sebastián:

El concierto de Caballero Reynaldo & kazoos fue muy fresco y divertido, con una interpretación que me pareció íntima y sensible. Fue un gustazo poder ver en directo a los kazoos y una gran emoción disfrutar de nuevo a Cabellero Reynaldo. Se les vió muy tranquilos y con gran sintonía pese a que no habían ensayado más que un puñado de horas y se acababan de conocer en persona. Y todo ello con la ausencia de la batería que imagino que simplifica las cosas a la de tocar. Los arreglos de The Torture muy acertados y cada vez que escucho la versión de I have been in you se me ponen los pelos de punta.

Wito:

Joer, qué pena me ha dado perdermelo la leche!

Después de lo nuestro, nos fuimos a comernos un bocadillo y a ver un rato a los fantásticos Filthy Habits. Se atreven con el repertorio más complicado y consiguen hacerlo sonar distendido y divertido. Una pandilla de músicos excelentes y muy buena gente al trato. Estuvimos hablando con algunos de ellos antes y después, especialmente con el guitarrista, Director López-Wilkins, esporádico liZtero, y con el saxo barítono y la simpática teclista venezolana, capaz de atreverse con las partes más complicadas de George Duke y salir airosa. Y encima se ríe.

Y después a la calle, que es donde fuma la gente ahora, y que es donde nos echamos una foto antes de que comenzara la dispersión:

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: oZcar McCuenca, Javier Marcote, Luiti Malkovich, JV Campos, Christian Elessar, Luis G., Miguel Tomás, el menda lerenda, Carlos Formby el Creador, Nando Caballero, Manoel Macía, Susana y Sebastián Molinero. Francesc y su familia se acababan de ir

Y después de la foto, y de charlar un rato con Alfred Crespo, del Ruta 66, al bar de enfrente de nuevo, a seguir con lo que estábamos antes de los conciertos. Y después, la nada: a buscar otro bar que no existe, siguiendo esa antigua tradición de patear calles y más calles siguiendo a los guías locales mientras vemos cómo se van cerrando las persianas.

En fin, que nos despedimos y nos vamos al hotel. Nando nos lleva a oZcar y a mí, y los otros no tienen tanta suerte, porque se van con un taxista que parece no ser capaz de encontrar la calle del hotel ni siquiera después de haberla encontrado. Un breve repaso con Manoel a la cultura cinematográfica y literaria contemporánea y a dormir.

Al día siguiente, desayuno con despedidas emotivas, abrazos y algún que otro chiste pésimo que he repetido una y otra vez desde entonces para no olvidarlo y, después de extraer con dificultad el BMW del mini-garaje del hotel, Malkovich, Reynaldo y yo nos vamos de vuelta para Utiel, pasando por el Camp Nou, ¿por qué no? Los demás, por sus partes, se van en general a donde vayan, antes o después, y utilizando el medio transporte que les vaya tocando. Nadie va en barco, que yo sepa.

Ya en Utiel, después de comer, grande siesta con las más de tres horas del hilarante documental Classic Artists: Yes (2008). Y al día siguiente, de vuelta a casa, oyendo a Malcolm Scarpa y con algunos fascículos de jamón en el maletero (gracias de nuevo, Christian).

Aquí un reportaje fotográfico del Creador:

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Y un montaje de vídeo del mismo con el mismo:

Y aquí unas cuantos fotos que nos hizo César Merino, pinchando en «+», luego en «MUSICA», luego en «R» y luego en «Reynaldo Caballero & The Grand Kazoo». Creo que no hay un camino más fácil para verlas, pero merece la pena.

Los Marañones en el VIII Desencuentro Enemigo, Bilbao — 6 de diciembre de 2008

Buenos días en Aranda. Desayunamos enfrente del hotel, en el Bar Moderno, fundado en 1947.

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Y después nos vamos de tapeo no muy lejos, a Casa Silviano, «¡alto y a beber!».

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Y salimos de Aranda cargados de vino, valga la redundancia, camino de Bilbao.

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Llegamos al mismo Bilbao y conseguimos encontrar la plaza donde está el hotel.

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Pero lo primero es lo primero. El gran Wito, nuestro anfitrión, nos encuentra tomando cañas y pinchos al lado del hotel. La primera impresión siempre es importante.

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Después de dejar las maletas y eso (sea lo que sea eso), nos vamos a la sala, que antes fue una iglesia y ahora es BilboRock.

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Aprovecho que el sitio es bonito para intentar hacer algunas fotos de la prueba de sonido sin que salgan demasiado movidas (es decir, apoyando la cámara sobre el amplificador).

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Y después de la prueba y de conocer a la gente de Bosco el Tosco y su Puta Banda, muy majos, nos lanzamos a la noche bilbaína para desencontrarnos.

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Y finalmente nos encontramos con los del VIII Desencuentro Enemigo, que nos invitan a una merienda de cumpleaños con serenata incluida en el sótano de un bar bilbaíno.

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Donde, entre otros, conocemos al legendario Ragtime Willie.

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Por allí también andaban nuestro paisano Txus, y Javi Enemigo, con el que ya habíamos estado en Madrid, y, bueno, un montón de gente genial, a la que conocíamos en parte gracias a Requesound. Y no me lío a decir nombres y más nombres, porque seguro que me olvido de alguien y quedo fatal, pero vaya, por Requesound se les suele encontrar a todos. Después de la merienda, el postre (mientras tanto, en el piso de arriba, Rosa Díez se tomaba algo en la barra).

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En el recital final, antes de irnos corriendo para la sala, Carlos descubre un nuevo instrumento, marca Suchard.

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Y de vuelta a BilboRock, paseando, que la noche es muy agradable. Sólo llueve lo justito para refrescar el ambiente.

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Al llegar a la sala, me encuentro con el privilegio de conocer en persona al incomparable Teddy Baxter, de Botxo Boogies, compañero de Unmatcheds, que se acercó a saludar, aunque no pudo quedarse al concierto. Un placer. En el camerino, nos entretenemos leyendo El Karma, la revista que edita Bosco el Tosco.

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Y comienza el concierto. Aquí unas fotos de Sigfredo H. Haro del divertido concierto de Bosco el Tosco y su Puta Banda. Y aquí otras del nuestro.

El repertorio fue el mismo que en Aranda, con la excepción de que la bola extra, «Cinnamon Girl», se convirtió en una auténtica fiesta, con Wito subiéndose a tocar los timbales con Pedrín, y Carlos estrenando su nuevo instrumento al ritmo de «We Will Rock You» tras entonar unos cuantos cantos al vino que, recordemos, había estado repasando allí, en Aranda. A Wito, antes de subirse, todavía le dio tiempo de grabar algunas canciones con la cámara de su móvil:

Allí mismo tuve también la ocasión de conocer por fin al liZtero Borja Aramburu, que también hizo algunas fotos y luego escribió una crónica del concierto en su blog. Otro montón de fotos en la galería de Requesound, y allí mismo, un artículo de Ragtime Willie sobre el Desencuentro. Aquí otro de Klimtbalan, con la que tenemos unos cuantos conocidos comunes, en Bullas y en más sitios, y aquí una crónica de Kintela.

Vaya, con eso creo que se puede hacer uno una idea de cómo fue la cosa. Después del espectáculo, el alterne, bastante movido.

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Tras recoger el equipo, cerrar la sala, sufrir la trágica pérdida de una de las botellas de vino que traíamos de Aranda, recuperar (tras unas cuantas gestiones de Wito y Txus, que aprovecharon para aprovechar, valga la redundancia, el tiempo con nosotros en el bar del hotel, abierto las 24 horas, cosa de agradecer en esas circunstancias) una bolsa que había acabado traspapelada entre las cosas de Bosco y dejar la furgoneta a buen recaudo, comenzó una peregrinación por la noche de Bilbao, guiados por Wito, que tenía la imposible tarea de tratar de trasladar a unos cuantos marañones, un montón de desencontraos y una pandilla de requesounderos de bar en bar, buscando uno con holgura suficiente para dar cabida a todos. En cada esquina perdíamos a alguno. Pero luego volvíamos a encontrarlo, claro.

Otro de los objetivos que teníamos Wito y yo era conseguir reunirnos con Borja, que llevaba su propia pandilla, sin perder la nuestra. Recuerdo ir en un taxi con Wito mientras él hablaba con Borja para saber por dónde andaba y verlo de pasada en la puerta de un bar con el teléfono en la oreja y saludando. Total, que sí, finalmente hubo mini-encuentro liZtero en toda regla, como atestigua la foto que alguien nos hizo con la cámara de Borja (falta Txus, aunque también andaba por allí, pero es que últimamente se prodiga poco por la liZta):

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Luego la gente se fue despidiendo poco a poco, y al final nos quedamos unos cuantos (incluido prácticamente todo el sector gallego del Desencuentro, claro) tratando de encontrar un lugar decente para seguir disfrutando de la noche. Cuando, después de una búsqueda infructuosa, descubrimos que la única opción era esperar media hora en la calle hasta que abrieran un garito nocturno pero mañanero, tomamos un camino. Guiados en esta ocasión por Ragtime Willie (Wito se quedó esperando con los gallegos), que se alojaba en el mismo hotel que nosotros, y que puso a prueba nuestra fe mientras nos llevaba callejeando por todo Bilbao, conseguimos llegar a nuestras habitaciones.

Al día siguiente, era de día. Y, como somos animales y de costumbres, volvimos al bar de los toneles, que nos había gustado.

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Y pa la casa.

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Con la imprescindible parada para comer, claro.

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Aunque volvimos por Valencia, no nos perdimos los famosos molinos de viento manchegos.

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Y, ya de noche, llegada al hogar, reparto de personas, descarga de instrumental, abandono de furgoneta, espera de taxi, y a dormir. Hasta la próxima.

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Comentarios (rescatados)

David González, 19 de enero de 2009

Hola Román.

Me he permitido comentar en la Playa de Neil (el equivalente de la liZta) vuestro tributo a Young con Cinnamon Girl y han colgado un post en el blog. Supuse que querrías saberlo.

Un saludo.

Román, 19 de enero de 2009

Gracias, David. No conocía La playa de Neil. Hasta ahora. Ya me estoy dando un chapuzón allí.

klimtbalan, 3 de febrero de 2009

Hola Román, no conocía tu blog, lo he descubierto por casualidad, y me ha encantado refrescar la memoria con esa genialidad de Bilbao.

Una crónica mu chula. Espero veros en concierto pronto, la putada es que tocáis este finde en Mula y yo voy al siguiente a Bullas…

Te enlazaré por mi blog para tenerte cerquita.

Un beso para cada uno de esos marañones!!

Román, 3 de febrero de 2009

Bienvenida, klimtbalan. Claro, yo sí conocía el tuyo, y aprovecho para recomendárselo a todo el que pase por aquí: klímtBalan’S. Una lástima lo de Bullas/Mula. A ver si el próximo…

 

Los Marañones en Sol 49, Aranda — 5 de diciembre de 2008

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Nos despertamos en Madrid y Rafa abre la oficina.

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Desayuno callejero entre carga y descarga, y al atasco.

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El momento más frío de todo el viaje.

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Y llegamos a Aranda, en pleno ataque jotero carloyano, justo a tiempo para comer y beber.

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Después de montar y probar sonido, la gente de las Bodegas Neo nos invitó a visitar las mismas.

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Si en el restaurante habíamos firmado un plato, como es costumbre, aquí firmamos todo un barril.

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En el estudio de grabación que hay en la bodega nos reencontramos con nuestro amigo Tachín, que está trabajando allí y Carlos aprovechó el piano que hay a la entrada para repasar algunos cánticos tradicionales dedicados al vino.

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Cánticos que luego introduciría subrepticiamente durante el concierto en Sol 49, del que de momento no tenemos fotos (la cámara la dejé en el hotel después de la visita a la bodega). La gente, que en general no conocía al grupo, parece que lo pasó bien porque al final insistieron en que volviéramos a salir. Antes habían actuado Grey, con Pedrín de invitado en una de las canciones.

El repertorio, prácticamente el mismo que en Madrid: «Las manzanas del mal», «Atrapado», «El baile», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Extraña familia», «Mi gato se llama Persona», «No soy yo», «Saluda al tren», «No te tengo», «Muy buenas horas», «El final», «Mi amor es para Luci», «Sexy Dream», «Mi guitarra quiere matar a tu madre», «El mundo al revés», «Fuera de límite», «Shangri-La» y «Hey! Bo Diddley», con «Siete mares» y «Voy loco mama» de regalo, y «Cinnamon Girl» de bola extra.

Después del concierto y algunas partidas de futbolín, Jorge Quiroga nos hizo una foto debajo de un retrato de Manolete. Si no entendí mal, toda la decoración del local, que nos gustó bastante, la había hecho un artista mexicano que había pasado una temporada por allí.

Excepto la bodega, prácticamente todo lo que vimos en Aranda estaba casi en la misma calle, así que resistiendo la tentación de hacer un alto en algún otro local, nos vamos directamente al hotel, que mañana tenemos que estar en Bilbao.

Continuará…

Los Marañones en La Pequeña Bety, Madrid — 4 de diciembre de 2008

El equipo para la ocasión, por orden de aparición: Rafa, gestión y comunicación, yo mismo, bajo, coros, fotos y manejo final, Miguel, guitarra, voz y manejo, Pedrín, batería y coros, Carlos, teclado, manejo y folklore, y Javi, sonido y manejo.

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Recogemos la furgoneta, y nos vamos a recoger a los demás, poco a poco. Primero, Pedrín:

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Después, Carlos:

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Y finalmente, Javi:

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Y pa Madrí, atravesando La Mancha.

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Llegamos a la capital en pleno atasco navideño diciendo barbaridades pueblerinas al estilo Martínez Soria, para que nadie se piense que somos de aquí:

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Y directamente a La Pequeña Bety, a montar y a probar sonido.

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Luego al hostal, donde dejo la cámara y de ahí a ver si podemos encontrar dónde cenar algo en un sitio que nos han dicho, pero que está muy lleno, así que vamos a otro que hace esquina. Me ofrecen una invitación para no sé qué bar de copas en una acera estrechísima mientras una pareja intenta pasar en dirección contraria y para esquivarla hinco la rodilla derecha en un pedazo de mobiliario urbano cuyo nombre desconocía en ese momento pero del que he tenido ocasión de acordarme con frecuencia desde entonces. Bolardo.

Entre ayes consigo llegar al bar de la esquina, donde me arrincono como puedo entre una columna y una mesa con mi dolor y las sevillanas que suenan por los altavoces. Llegan las cervezas y algunos amigos. Hola, Celia. Hola, qué tal. Pues ya ves, me acabo de dar un rodillazo en una cosa de ésas que ponen para que no aparquen los coches. Ah, un bolardo. Qué daño. Pues sí. Hola, Paco, ¡cuánto tiempo! ¡Un abrazo! Aquí mi señora. Hola, qué tal. Nada, acabo de clavarme una cosa de ésas de las aceras en la rodilla. ¿Un bolardo? Eso. Ay.

Entre sevillanas y Cruzcampo se nos pasa el rato y volvemos a la sala, que hay que tocar. La pequeña Bety es, como su propio nombre indica, pequeña, así que estamos como en familia, como entre amigos. Sobre todo porque estamos entre amigos, vaya. Hola, qué tal. Hombre, cuánto tiempo. Hola, Hendrik, tocáis luego aquí al lado, ¿no? Anda, tú debes ser nuestra amiga Conchi. Y esto debe ser una pandilla de liZteros. Efectivamente. Es lo que tiene la Internet, que sin habernos visto nunca en persona, ya es como si nos conociéramos de toda la vida. Tú eres Javier, aquí tu señora, Mª José, y tú, Jesús, qué gusto conocerte, después de tanto tiempo. Tú no tienes más remedio que ser óZcar, porque eres el único que queda y porque eres clavadito al que aparece en tus fotos. Por supuesto con ellos está ni más ni menos que Carlos Formby, el Creador, al que ya tuve ocasión de conocer hace unos cuantos años, en un concierto en algún lugar de Jaén (concretamente, hace siete años, en Campillo de Arenas, vaya). Abrazos de oso y hasta luego, a ver si podemos vernos un ratico después del concierto.

El concierto, bien, gracias. O, como dijo Jesús Avello en mensaje a la liZta al día siguiente:

Concierto familiar, 30- 50 pax.Se nota de entrada que estos señores no llevan 4 días juntos. Todo bien conjuntado y empacado. Buen sonido y caña, mucha caña; lástima la acústica del local que sólo te permitía oir con nitidez en frente de grupo, lo que convertía la caña en tralla. No es la primera vez que me pasa que en grupo que me gusta en disco se consolida una vez escuchado en directo. Muy buena selección de temas incluido su ya famosa versión de «Mi guitarra matará a tu madre» que como podéis suponer hizo las delicias de los lizteros allí reunidos, no sólo por que fue la dedicatoría de Román hacia nosotros sino por los solos de guitarra y teclados que estuvieron francamente bien.

El repertorio: «Las manzanas del mal», «Atrapado», «El baile», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Extraña familia», «Mi gato se llama Persona», «No soy yo», «Saluda al tren», «No te tengo», «Muy buenas horas», «El final», «Mi amor es para Luci», «Sexy Dream», «El mundo al revés», «Fuera de límite» y «Shangri-La», con su «Hey! Bo Diddley» adosado. Y de regalo: «Mi guitarra quiere matar a tu madre», «Siete mares» y «Voy loco mama».

Entre otra gente también anduvieron por allí Javi, el 5º Enemigo, al que pronto volveríamos a ver en Bilbao, y ni más ni menos que el Fan, al que hacía tiempo que no veíamos. Y Álex, claro. Y nuestro Mariano, cómo no. Abrazos y besos.

Fotos de Álex Calvo-Sotelo, Javier Marcote y Carlos Formby, y vídeos de Conchi Gálvez, aquí.

Después del concierto, nos vamos de concierto, que todavía igual pillamos algo de Los Deltonos en El Sol. De momento, me despido de los liZteros, porque parece que no se animan a continuar y están a punto de retirarse. Lástima. Me hubiera gustado tener más rato para charlar con todos ellos. Será la próxima. De momento, por lo menos ahí queda la clásica foto del encuentro liZtero:

Marañones-06.jpgNo recuerdo quién la hizo, pero fue con la cámara de Carlos. De izquierdas a derechas: Mª José, óZcar, Román, Jesús Avello, Carlos Formby y Javier Marcote.

Terminan los bises de Los Deltonos y empieza el movimiento. El problema: en Madrid los móviles son inútiles, porque no hay cobertura en casi ningún sitio. Hay que subir a la calle para pillar la onda. Y claro, nadie la pilla. Total, que Mariano se lleva a una parte de la pandilla a un local que creo anda cercano al bolardo que me había destrozado la rodilla previamente, mientras que Álex nos abduce a otros cuantos, nos mete en un taxi y nos lleva a su bar. Allí nos encontramos con nuestro viejo amigo Rafa, el del Flamingo.

DSC05714.jpgMiguel y yo en el zulo del Contraclub en animada charla mientras Álex nos echaba una foto. A eso de las tantas.

Total, que de una forma u otra conseguimos salir de allí y llegar al hostal a tiempo de echar algún sueñecito antes de salir mañana camino de Aranda.

Continuará…

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Arroyero, 27 de diciembre de 2008

Espero que tal cantidad de detalles sea un producto de la edad y que de mas joven tengas semanas enteras de las que no recuerdas nada. Nunca mejor dicho, no sabes lo que te pierdes:) Ademas, no todos podemos ser artistas y tenemos que trabajar! Otra vez será. ¿Dónde actuáis dentro de siete años?

Román, 27 de diciembre de 2008

Bueno, yo no me acuerdo prácticamente de nada. Casi ni de lo que hice ayer. Por eso lo apunto todo, o tiro de memoria a corto plazo. O me lo invento, que da igual.

Dentro de siete años… espérate, que miro la agenda y te cuento… (¿dónde tengo yo la agenda…?)

Los Marañones hacia y desde el Felipop ‘08 (8-10 de agosto de 2008)

Como ya ha pasado un mes y me he olvidado de los nombres de todos los sitios y de todas las personas, esto se va a quedar en un mero reportaje fotográfico de urgencia.

El equipo de partida: Miguel, guitarra, voz y manejo, Carlos, órgano y manejo, Román (o sea, yo), bajo, coros y fotos, Pedrín, batería, coros y conocimientos, Rafa, gestión y comunicaciones.

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Quedamos en el ensayo, como es habitual, y allí nos encontramos con un par de amiguetes que tienen un conjunto. O dos. O tres. O varios.

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Cargamos el equipo y nos vamos. Los de la parte de delante, todos con gafas.

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Y los de la parte de detrás, sin.

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Un par de fotos artísticas «en el coche por la noche».

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Primera parada. Cena y postre en un lugar de La Mancha.

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Pasando por debajo de Madrid.

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Entrando al hotel donde pasamos la primera noche, camino de Galicia.

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Un sitio muy agradable.

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Y en ruta otra vez.

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Parando para comer, eso sí.

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Acercándonos a nuestro destino.

Muchas horas de viaje…

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La ría.

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Llegamos a la carpa del Felipop, en Limodre, Fene, Coruña, Rafa se pone en modo concierto y nosotros nos preparamos para la prueba de sonido, así que guardo la cámara.

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Después de las pruebas, a dejar las bolsas y a ducharse y todo eso. Las vistas desde el hotel, algo diferente al de la noche anterior.

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Y a cenar. Churrasco. Y si no quieres churrasco, también hay churrasco. Nos acompañaba un pariente gallego de Pedrín, muy majo, y un par de amigos suyos (de Pedrín, que no del pariente, aunque ahora ya sí). También andaban por allí nuestros amigos de Doctor Divago, que habían tocado el día anterior y se habían quedado a pasar el día. Un placer.

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La última foto antes de quedarme sin pilas en la cámara.

En este segundo día del festival, antes de nosotros actuaron Miss Black Emotion, de Castellón, los asturianos Feedbacks y los argentinos Super Ratones, y, después de nosotros, ni más ni menos que La Granja.

Nuestro repertorio: «Las manzanas del mal», «Atrapado», «El baile», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Extraña familia», «Mi gato se llama persona», «Saluda al tren», «Muy buenas horas», «Mi amor es para Luci», «Sexy Dream», «El mundo al revés», «Fuera de límite», «Shangri-La» y de guinda un poquito de «Hey! Bo Diddley».

Un vídeo de zoelope con un par de canciones del concierto.

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Y aquí una foto de sporras.

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El desayuno del día siguiente.

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El menú: cerveza, ribeiro, pulpo, almejas, choco y tabla de queso.

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Ñam, ñam.

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Rafa en su oficina y la camarera venezolana que nos obligó a adivinar su nacionalidad.

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Satisfechos. ¿Café? ¿Postre?

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Sí, un postrecico.

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Y de nuevo en ruta.

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Suerte que vayamos en dirección contraria a los que vuelven de las vacaciones.

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Una paradita para saludar a la meletérita.

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Y a seguir comiendo, en otro lugar de La Mancha, con los amigos de Pedrín.

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Y de nuevo en Murcia, a descargar el equipo y cada uno a su casa. Hasta la próxima.

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Arroyero, 7 de septiembre de 2008

Mu bonico to. Pero digo yo, no seria mas facil coger un avión?

Román, 7 de septiembre de 2008

No, no, no. Se come mucho mejor en La Mancha.

Ana, 9 de septiembre de 2008

¡Cómo siempre Román bonitas tus fotos!…

¿Cuanto les llevó dicho viaje?.

Besotes

Ana

Román, 9 de septiembre de 2008

En tiempo, quitando la parada a dormir, creo que fueron unas doce horas a la ida y otras tantas a la vuelta o algo así. Es difícil calcularlo con las paradas y la mala memoria que tengo. En total salimos de Murcia el día 8 después de comer y volvimos el 10 después de cenar.

Los Marañones (Ramblues, Puerto Lumbreras, Murcia, 7 de junio de 2008)

El equipo: Miguel, guitarra y voz, Carlos, órgano y manejo, éste que lo es, bajo y coros, Pedrín, batería y coros, Javi, sonido y manejo, y Rafa, gestión y desarrollo.

Salimos del ensayo en dos coches, sin batería. Quiero decir que no teniamos que llevar el instrumento, los vehículos estaban bien. Llegamos a Puerto Lumbreras, donde según los anales sólo habíamos tocado una vez, allá por 1992, en el Garaje. Juraría que fueron más veces, pero, ¿a quién vas a creer: a un desmemoriado como yo o a sus libretas?

El concierto es en mitad de la rambla. De hecho, en mitad de uno de los largos puentes que cruzan la rambla. Un lugar fantástico para un concierto. A buena altura del suelo, podías ver pasar rebaños de ovejas por debajo, mientras los paisanos cruzaban preguntándose qué hacía ese escenario en mitad de la pasarela.

Nos recibe Diego, que es el que organiza esto, y al que ya conocemos desde tiempos inmemoriales: era el que llevaba el Garaje cuando vinimos a tocar aquella vez (recuerdo una melé de un equipo de rugby delante del escenario, qué cosas), y antes ya habíamos compartido escenario con su grupo Los Biscúters.

Vemos por allí a la gente de Soulfingers, que son los que hoy comparten escenario con nosotros. Un grupo increíble, que hay que ver para creer. Y además son amigos nuestros. Tuve ocasión de verlos no hace mucho en el Atomic de Murcia, flanqueado por Pedrín y Carlos, y fue uno de los mejores conciertos que he visto últimamente.

De momento por aquí andan Fernando Rubio, el guitarrista, Antonio Fidel, bajista, y Juan Expósito, batería. Falta Amador Blaya, el cantante, al que vemos poco después paseando por la rambla de abajo. Probamos sonido. Está rico. No llevaba cámara, pero como ahora la gente hace fotos hasta con los teléfonos, aquí va una que hizo Carlos durante la prueba de sonido de Soulfingers:

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Nos vamos todos juntos a cenar a un restaurante italiano, así que lógicamente nos hinchamos a morcillas, salchichas, patatas y cosas así. No ponen almendras, pero convencemos a Juan de que se quede. Justo enfrente tengo a dos grandes bajistas, así que le pido a Carlos su móvil y les hago una foto:

PuertoLumbreras2008_02.jpg

Durante la sobremesa, aprovechamos para sacar todos los móviles, conectar los blutuces y vincularnos unos a otros, por muy mal que suene. Juan me manda una foto que le ha hecho a los de enfrente desde su punto de vista:

PuertoLumbreras2008_03.jpg

De vuelta a la rambla. Está poniendo música Le connaisseur y pronto empiezan Soulfingers. El repertorio es inmenso, clásicas y más clásicas de gente como Otis Redding, The Coasters, The Temptations, Smokey Robinson & The Miracles, etc. Infalible. Y con Amador al frente, impresionante.

Nos toca a nosotros. En primera fila, la pandilla del Cambalache, de Huércal-Overa, donde hemos ido a tocar un montón de veces, que jalea y anima y se canta canciones que no nos sabemos ni siquiera nosotros. Mientras tanto, de tanto en tanto, uno del público que parece estar disfrutando nos pide que toquemos «Leiribi», para terminar de alegrarle la noche. Suponemos que se refiere a la de los Beatles, pero no va a poder ser. En su defecto, nos pide una de Nirvana. Pues tampoco. Luego nos asegura que se lo ha pasado muy bien en cualquier caso.

El repertorio: «Las manzanas del mal», «Atrapado», «El baile», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Extraña familia», «Mi gato se llama Persona», «No soy yo», «Saluda al tren», «No te tengo», «Muy buenas horas», «El final», «Mi amor es para Luci», «Sexy Dream», «El mundo al revés», «Fuera de límite» y «Shangri-La», y de regalo, volvemos y hacemos «Siete mares» y «Voy loco mama».

Todas disponibles en nuestro nuevo disco, Las aventuras de Los Marañones (El Brujo Records, 2008), y si no, en el anterior, Extraña familia (El Brujo Records, 2007).

Recogemos y nos vamos. Hacia Vélez-Rubio. Damos la vuelta. Ensayo, descarga, reparto, palique y a casa. Hasta la próxima.

Grrr! (CD, Perdición PER0501, junio de 2005)

La primera vez que vi actuar a Grrr! fue en su concierto de debut en La Bomba, el llorado bar del Infante (en Murcia, vaya, pero en aquel lado del río), el 13 de septiembre de 2001. Cuando Pedrín (Sánchez) y Carlos (Campoy) me contaron que estaban montando un grupo instrumental de soul-funk-jazz me entusiasmé. Me hice fan antes de escuchar una sola nota. El resto del grupo eran (son) Felipe (Aguado) y Federico (Charton).

A partir de ahí trataba de ir a verlos siempre que podía (aunque en Murcia no tocaban mucho, y yo no me enteraba siempre, en mi línea). A principios de 2004 hicieron una grabación con la idea de convertirla en un disco, y cuando la cosa comenzó a tomar forma y a convertirse en realidad me preguntaron si quería hacer yo la portada. Encantado, claro.

Pedrin_Muralla.jpg Federico_Muralla.jpg

Felipe_Muralla.jpg Carlos_Muralla.jpg

Lo primero que hice fue llevarme la cámara de fotos al concierto que daban en La Muralla (también en Murcia, pero a este lado del río, por donde pasaba la muralla, sí), a principios de 2005, y echar un buen montón de fotos. Todas movidas y desenfocadas, claro. Pero mi idea original no era utilizar las fotos en sí, sino aprovecharlas para hacer algún dibujo o algo. Como éstos, que no se utilizaron al final:

Federico_lapiz.jpg Felipe_lapiz.jpg

Pedrin_lapiz.jpg Carlos_lapiz.jpg

Afortunadamente, entre el público estaba Inma Alcázar, así que le pasé la cámara un rato, y así conseguimos fotos aprovechables (sobre todo teniendo en cuenta que La Muralla no es el sitio mejor iluminado del mundo y que ella está acostumbrada a cámaras que ofrezcan más posibilidades), como la que terminó en la portada:

Grrr_Muralla_01.jpg

Compárese con la que acabó en la contraportada, hecha por mí:

Grrr_Muralla_02.jpg

Como esos primeros dibujos no me convencían, se me ocurrió acudir a una actuación del grupo en La JAM Evasión, el programa de Canal 6, que tenía grabada en cinta de vídeo, para buscar primeros planos de las manos de los del grupo para dibujarlos. La idea era, siguiendo el espíritu de las grabaciones del grupo, realizadas tocando todos a la vez y sin retoques posteriores ni sobregrabaciones, hacer los dibujos del tirón, directamente a tinta sobre el papel, y sin retoques posteriores. Encontré éstos, de los que salieron los dibujos del libreto:

Felipe_JAM.jpg

Felipe_tinta.jpg

Federico_JAM.jpg

Federico_tinta.jpg

Carlos_JAM.jpg

Carlos_tinta.jpg

En esa grabación Pedrín no tenía cámara detrás que le sacara las manos, así que hice trampa y utilicé una de las fotos que nos había hecho Manuel Muñoz Zielinski a Los Marañones en el ensayo, en julio de 2004, para la portada de El mundo al revés:

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Pedrin_tinta.jpg

Para lo que es la portada en sí, había algunas ideas diferentes, y una de las que estuvieron a punto de conseguirlo fue un dibujo con alusiones más o menos veladas a tres de las canciones del disco, «Hot Feet», «Papiroflexo», y, sobre todo, «Australopithecus»:

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Mientras la portada iba tomando forma, el grupo actuó en el Black Music Festival de San Javier, y allí Mª Ángeles les hizo unas cuantas fotos. Entre ellas ésta:

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Decidimos utilizarla para el interior del libreto, no sin antes hacerle alguna transformación digital, por mucho cariño que le tengamos a la gente de S.P.L.:

Grrr_interior.jpg

Al final, después de barajar la posibilidad de poner un dibujo en la portada, optamos por utilizar la foto de Inma, aplicándole el tratamiento especial blue note:

Grrr.jpg

Justo en esos días en que estábamos dándole vueltas a la portada tuvieron lugar las fiestas del barrio de Vistabella (fuera de la muralla, pero a este lado del río, todavía sin salir de Murcia) y el sábado, 7 de mayo de 2005, se organizó una jam-session mañanera en la Plaza de los Patos a cargo de Pedrín y sus amigos. Grrr! abrieron, y entre caña y caña por el escenario fueron pasando algunos conocidos del barrio y algunos invitados como Jachúa o yo mismo. Allí tuve la ocasión de sentirme durante un momento casi parte de Grrr!, improvisando junto a Pedrín, Carlos y Federico, mientras mi sobrino rapeaba tan a gusto, como se puede ver en esta foto que nos hizo Mari Carmen:

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El disco salió a la calle en junio de 2005, editado por Perdición, el sello de Joaquín Talismán, y ese mismo verano, para cerrar el círculo, Carlos empezó a tocar regularmente con Los Marañones de nuevo, después de casi diez años.

—oOo—

Ahora, para ponerle un epílogo a esta historia, damos un salto de un par de años en el futuro y nos plantamos en el verano de 2007, cuando Pedrín y Carlos me cuentan que tienen un concierto pero que resulta que Felipe no puede ir porque está de viaje por ahí por el extranjero, y que si yo podría… ¡aprenderme un repertorio de veinte canciones en dos días!

Imposible. Pero vaya, vamos a intentarlo. Si miro los papelitos, practico intensivamente y recortamos la cosa a unas diez canciones (las más sencillas), puede suceder el milagro. Así que allá que me fui con Grrr! a tocar en el VIII Festival Internacional de Blues Almeriblues de Roquetas, Almería, el día 31 de agosto de 2007. Y la cosa estuvo muy bien.

Bueno, en realidad (y para complicarlo todo un poco más) los que estaban anunciados eran Ferroblues, pero como se explicaba en la nota de prensa que se publicó un par de días después en portaldealmeria.com:

El grupo Ferroblues que estaba anunciado vino sin el cantante, ya que este tenía problemas con la garganta. En ese caso, el grupo se transformó en instrumental y cuando ocurre esto se pasa a llamar «Brrr». Hicieron standars de James Brown, Sam & Dave u Otis Redding. La banda totalmente instrumental gustó mucho al público.

Allí también aparece una fotico del concierto:

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Después de tocar y de alternar con los otros asistentes al festival nos fuimos al hotel y descubrimos un pub inglés justo debajo que misteriosamente se había convertido en un karaoke cuando bajamos un rato después. Pero vaya si cantamos.

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Manolo, 10 de mayo de 2008

Magníficos los dibujos, que yo habría puesto en la portada del disco y las fotos en el libreto (yo quiero uno). Un dibujo es único, irrepetible, personal e intransferible, lo de las fotos está bien, pero son sólo eso, fotos, que no digo que estén mal, ojo, pero tienes a tu servicio la tecnología, más ahora con tanta polla digital. El dibujo es primitivo, auténtico, visceral. No hay nada más creativo que eso y nunca lo habrá, no tiene competencia, ni en la ejecución ni en la frescura, ni…

Que digo que yo habría puesto los dibujos en la portada, pero para gustos…

Robert Plant y Los Marañones en Los Alcázares (29 de julio de 2007)

«¿Tenéis libre el domingo? Teloneros de Robert Plant en Los Alcázares». Eso fue el lunes, poco antes de ir al ensayo, y nada nuevo hasta el jueves, cuando, a mitad de ver la exposición de Salzillo y ya casi olvidado el asunto, me suena el móvil y confirmado, que sí, que tocamos con Robert Plant en Los Alcázares el domingo.

Poco tiempo para correr la voz, pero se hace lo que se puede. La respuesta es de excitación unánime. Claro, se trata ni más ni menos que de Robert Plant, de Led Zeppelin. En persona. En el mismo escenario. ¿Compartís camerino? ¿Haréis una jam-session? ¿Qué le vais a contar? ¿Qué le vais a preguntar? ¿Le pedís un autógrafo para mí? Calma, calma…

Quedamos el domingo en el ensayo para recoger los aperos de tocar, nos vamos hacia la playa en dos coches bien cargaditos. Como es habitual, la playa no la vemos ni de lejos, pero conseguimos llegar al Polideportivo Municipal a tiempo para hacer nuestra prueba de sonido. El equipo: Miguel, guitarra y voz (cuando funciona el micro); Carlos, órgano; Román, bajo, coros y fotos movidas; Pedrín, batería y coros; Rafa, gestión y apremio; Javi, sonido de puta madre, tomándose un descanso entre tanto perroflautismo; y Jachúa, que anduvo por allí.

Vale, compartimos el escenario con la estrella, pero no los cables, que fallan casi todos. Y los que no fallan en la prueba de sonido, fallarán en el concierto, claro. La comunicación con el de la mesa de monitores es interesante: está debajo del escenario y no nos ve, así que necesitamos un enlace. Algunos conseguimos oírnos bien (yo). Otros no (todos los demás). Sea como sea, hay que terminar, que abren las puertas. Hala, al camerino.

Lógicamente, está en la otra punta de un campo de fútbol que hay junto al recinto del concierto, y se accede por un camino de tierra (más bien de polvillo fino). Por un largo camino de tierra. Una vez llegamos al edificio, los de seguridad y unas vallas estratégicamente situadas nos dirigen hábilmente hacia nuestro camerino (en realidad, vestuario), sito en la otra punta de una pista de baloncesto cubierta, sin pasar en ningún momento por delante del camerino (en realidad, vestuario) de la estrella, que está justo al lado del nuestro.

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No hay agua, ni cerveza, ni nada. De momento. Vamos aprovechando la espera para adaptar el repertorio, que va a ser más corto de lo habitual.

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Conforme se va acercando inexorablemente el momento de subir al escenario va llegando el agua (caliente), un cubo con hielo (frío), refrescos, bocadillos de pan de molde (popularmente conocidos como sandwichs), pero nada de cerveza. Que sí, que viene ya. La comunicación funciona. Los móviles arden, los walkie-talkies se disparan. Pero la cerveza no llega. A escena.

Recorremos la pista de baloncesto, después el camino de polvillo fino junto al campo de fútbol, y subimos al escenario. Es de día todavía (a mí me gusta tocar de día), y no hay mucha gente, pero van llegando. Llega también la cerveza. Fresca. La gente de Robert Plant se ha dejado encendidos los ventiladores de delante del escenario. Se agradece. Empezamos. No se oye la voz de Miguel. La primera canción es, pues, instrumental. Vale. Cambian el cable del micrófono. Cuando nos faltan unos diez minutos de repertorio nos avisan de que nos quedan diez minutos. Dos minutos después nos quedan cinco. De alguna manera, conseguimos terminar a tiempo. Bueno, cinco minutos después de tiempo.


Foto de Tomás Vera. Más fotos y crónicas del concierto aquí.

Las canciones, para el que le interese: «Juego sucio», «Fuera de límite», «Siete mares», «Saluda al tren», «Mucha tranquilidad», «Atrapado», «Impresionado», «La sombra», «No te tengo», «Mi amor es para Luci», «Muy buenas horas», y «Shangri-La». Adiós. Gracias.

Y al camerino, todos sudados. Es decir, a recorrer de nuevo el campo de fútbol. Afortunadamente, está oscureciendo. Ahora se oyen voces en el camerino (vestuario) de al lado. En inglés, con risas. Nos refrescamos, nos cambiamos, nos refrescamos un poco más, y nos asomamos al pasillo porque alguien dice que ya está saliendo la estrella para ir a tocar. Vemos de espaldas a Robert Plant alejándose, alguien le grita: «Robert! Good luck!». Y se vuelve, nos sonríe y levanta el pulgar. Y se aleja andando como andan las auténticas estrellas del rock.

Nos quedamos un rato hablando de cuántos imitadores (buenos y malos) tienen esos andares. Luego hablamos de la Beat Generation, aparentemente sin solución de continuidad.

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En fin, es hora de salir del vestuario, de nuevo hacia el recinto del concierto (al otro lado del campo de fútbol), a ver si podemos ver algo. Pero antes hay que quitar los coches porque estorban para mover luego los camiones del equipo, así que hay que recoger los aperos de tocar y meterlos en los maleteros. Mientras tanto, se escucha música desde el escenario, y de vez en cuando nos acercamos por un lateral a verle la cara a Robert Plant. Cada tanto se le oye decir en español: «¿Bastante?». Ésta que empieza parece… sí, es «Black Dog», creo que la primera de Led Zeppelin que se toca hoy. Llevamos los coches a la parte de los vestuarios, y nos acercamos al camerino de nuevo a por lo que hay allí y a comernos más bocadillos de pan de molde (en inglés, sandwichs, pero, ¿cómo se dice «chorizo» en inglés?). Otra vez al concierto, a ver cómo va, pero esta vez por delante del escenario.

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Eso significa ir saludando a todos los conocidos que hay por allí, por supuesto después de conseguir una cerveza en la barra (las escasas que finalmente habían llegado al camerino/vestuario volaron inmediatamente después del concierto). Hola, qué tal, cómo ha sonado, no sé, acabamos de llegar, cómo mola Robert Plant, no sé, acabo de llegar. Todavía no me ha dado tiempo de mirar hacia el escenario, pero parece que lleva un rollo árabe o indio, ¿no? Hola, Javi, qué tal, cómo ha sonado, de puta madre.

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Bueno, a ver si consigo ver algo del concierto. «Adiós, gracias». Vaya. Bueno, supongo que habrá un bis. El problema es que entre que sale y no sale hacemos pandilla en círculo junto al puesto de bocadillos y nos ponemos de conversación con los amiguetes, así que cuando vuelve a salir Don Roberto con su grupo estamos más en lo nuestro que otra cosa. Ésta que empieza parece… sí, seguro que va a ser… Correcto, «Whole Lotta Love», con interludio indio incluido.

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Se acaba todo, cierran la barra, y nos vamos hacia los coches. Parada en el banquillo para hacernos una foto, paso por el vestuario/camerino para pillar otro sandwich de chorizo y una Coca-Cola (no queda otra cosa) para el camino, y a Murcia. Como era de esperar, Robert Plant se ha ido ya hace un buen rato. Por el camino seguimos hablando de la Beat Generation entre rotonda y rotonda. Una charlita en el ensayo después de descargar y cada uno a su casa.

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EL DEPENDIENTE D LA TIENDA DE COMIC’S, 6 de agosto de 2007

Pues, es verdad, las fotos estan movidas, la pena , penita, pena, que el menda, sentadito en el cesped(ja,ja,ja,ja) quiero decir sobre algo verde, y «polvo del camino», bebiendome una cervecita , fría, muy fris y viendo y escuchando a los grandes Marañones…….

Estamos grabando…

…pero antes estuvimos ensayando, así que para abrir boca, aquí van unas fotos que hice en el ensayo el 30 de enero, unos días antes de enclaustrarnos en el estudio:

P1300013.JPGP1310048.JPGP1300025.JPGP1300008.JPGLos personajes: Pedrín Sánchez (batería), Ricardo Perpén (el compositor ex-componente, atento a la jugada), Carlos Campoy (órgano y notas), el menda lerenda (fotos y bajo) y Miguel Bañón (guitarra).