Categoría: El diario del bajista

Los Marañones en L’Olleria, 25 de noviembre de 2016

El equipo: Miguel Bañón, guitarra y voz; Carlos Campoy, conducción y teclado; Román García, conducción, bajo y coros; Pedrín Sánchez, batería y coros; Rafa Gómez, organización y vídeo.

Nos juntamos Miguel y yo en el ensayo, cargamos el coche y volvemos a mi casa. Se me ha olvidado el equipaje. Salimos por fin, con un poco de retraso, y vamos oyendo los últimos discos de Jeff Lynne y de Paul McCartney. Lo que viene siendo música moderna antigua.

Por el camino, cerca de Alcoy, nos ponemos en contacto con la otra expedición, la de Carlos, Pedrín y Rafa, que había salido también con un poco de retraso, por culpa del atasco del Black Friday y los centros comerciales.

—Vamos delante un poco por el túnel.
—¿Cómo se puede ir un poco por un túnel?
—Es verdad. O se va o no.
—Nosotros acabamos de salir del túnel. Pero lo hemos cogido por el hueco.
—Sí, es mejor.

Finalmente conseguimos llegar todos a L’Olleria, en Valencia, y encontrar el restaurante donde tocamos, Casa Manolo, donde nos esperaba el propio Manolo. Empezamos a descargar y a montar el equipo y mientras tanto comenzamos a atar cabos y a tratar de remontarnos a las últimas veces que anduvimos por aquí.

En concreto, habíamos tocado ya en L’Olleria otras tres veces, pero entre 1993 y 1994, es decir, hace veintidos años. Las dos primeras veces fue en el Vatikano y la última en La Real. Mis recuerdos de aquellos días son muy difusos, pero desde siempre me había quedado con la idea de que en L’Olleria se lo pasaba uno muy bien.

Mi principal recuerdo de nuestro primer concierto en L’Olleria es pasar el día de aquí para allá por todo el pueblo con Mariano Tejera, nuestro manager de aquellos tiempos, y dos amigos de allí que eran los que nos habían contratado. Es un recuerdo muy tonto, pero lo tengo grabado en la memoria: esa mañana uno de ellos había ido a la óptica a hacerse unas gafas nuevas, pero se las habían hecho pequeñas y no le llegaba bien la pata a la oreja. Esto se lo contó al otro en valenciano, y luego nos lo explicó a nosotros en español. La cosa es que durante todo el día, cada vez que se encontraba con algún conocido, acababan hablando siempre de lo de las gafas, de forma que Mariano y yo acabamos aprendiendo una de nuestras primeras lecciones de valenciano. La historia de aquél de L’Olleria al que no le llegaban las ulleres a las urelles.

Manolo nos cuenta que en aquellos tiempos él ya tenía su bar y a veces se iba a poner música al Vatikano, así que también pasó algunos buenos ratos con nosotros. Seguramente fue en su bar donde escuché la historia de las gafas en alguna de las ocasiones. Me acuerdo de una mesa con diez o doce personas, todas hablando en valenciano, hasta que alguno de ellos pensó en nosotros y dijo: «Vamos a hablar en castellano, que estos dos no se están enterando de nada», pero Mariano y yo dijimos que no se preocuparan, que a estas alturas ya nos sabíamos la historia y les entendíamos perfectamente.

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Volviendo al presente, con ayuda de un muchacho muy amable que se encarga del equipo (y cuyo nombre he olvidado, siguiendo mi mala costumbre), Miguel consigue que aquello suene, más o menos. Casa Manolo es un restaurante y la entrada del concierto incluye la cena. Es decir, delante del escenario hay preparadas unas cuantas mesas con manteles y cubiertos, y la idea es que empecemos a tocar cuando vayan por los cafés. Va a ser raro, pero bueno, en fin, ya veremos.

Nos vamos al hotel, que está al ladito, y nos distribuimos por las habitaciones teniendo en cuenta el factor ronquido, aunque nunca llueve a gusto de todos. Una vez instalados, nos bajamos de nuevo a Casa Manolo a cenar en un reservado mientras los asistentes cenan también en sus mesas reservadas. Esther, la camarera, nos trae los cafés y los licores, y aprovechamos ese momento relajado para grabar un saludo para Ángel H. Sopena, cuyo programa de radio en Onda Regional de Murcia, Música de contrabando, cumple 25 años. Hacemos un guión previo (inspirado por un chiste de romanos que sabemos que le gusta mucho a Ángel), Carlos dirige la acción y Rafa graba el vídeo con su teléfono móvil. Pero luego no hay forma de subirlo a la red, por falta de batería, de cobertura, de aplicación apropiada, o por todo a la vez. Mañana lo mandamos.

Llega el momento del concierto y subimos al escenario. Allí están todos. Tomándo café y de conversación. Bueno, lo que sea, será. Allá vamos.

Al principio todos miraban desde sus mesas y parecían a gusto, pero a eso de la tercera o cuarta canción, una chica se levantó y empezó a bailar, lo que animó a otra, y poco a poco fueron casi todos levantándose de las mesas para ponerse a bailar o aunque sea a mover la cabeza al rtimo de la música. Nos dimos cuenta de que muchos se conocían las canciones antiguas, e incluso había quien se las conocía todas, incluso las del último disco.

El repertorio: «Para decir adiós», «A Hawái», «El misterio de tu amor», «Yo no soy Supermán», «Francesca Salazari», «La memoria del extranjero», «Mi amor es para Luci», enlazada con «Shangri-La», «El hombre del melón», en la que hemos retocado un poco el final, para que suene más operístico (bufo), «Cruzando las galaxias», «Mi gato se llama Persona», «Historias sin principio ni final», «Atrapado», «El baile», para la que hemos cambiado un poco los coros, «Saluda al tren», «No soy yo», y la novedad en el repertorio, «Park Avenue Beat», el tema principal de la serie de televisión Perry Mason, compuesto por Fred Steiner en 1957, y que hoy nos sirve de introducción a la última canción del concierto, «Voy loco mama».

A estas alturas ya estaba todo el mundo levantado y los bises se hicieron inevitables: «El final», «Strong Love» (la versión de la versión de Spencer Davis Group), y «Evita hacerlo». Y se acabó.

Nos refrescamos un poco y salimos a charlar con la gente. Resulta que la gran mayoría de estos señores eran los mismos que venían a vernos hace más de veinte años, y muchos no sabían que seguíamos existiendo. Tuve ocasión de hablar un rato sobre sus colecciones con el que nos llevó a tocar a La Real en 1994 (¡ya me he olvidado de su nombre!); charlé con Manolo y unos amigos suyos de Valencia sobre Caballero Reynaldo y Señor Mostaza y sus diferentes conexiones (una era amiga del colegio de uno de sus miembros y la otra prima de otro, pero nunca habían hablado de eso entre ellas); también estuvimos hablando con Vicente, el que llevaba el Vatikano y que terminé reconociendo, y con su amigo, otro Manolo, que fue el que nos hizo las gorras del Club Marañón que vendíamos durante el Tour Agarrao. De hecho, tengo fundadas sospechas de que este último Manolo era precisamente el que había ido a la óptica hace veintitrés años. Por supuesto, él no recordaba nada de eso.

También volví a reencontrar a una pareja de amigos de Gandía que fueron testigos del concierto en el campo de fútbol de Guardamar en 2010, el día que nos hicimos la foto del cartel del salto. En realidad ellos fueron casi los únicos testigos de aquel concierto. También estuvieron en el concierto de la gira Peluca & Bigote en el Wah-Wah de Valencia en 2011, y creo que en alguno más. Están acostumbrados a vernos en entornos peculiares.

A eso de las cinco de la mañana algunos empezamos a pensar en irnos a dormir. Sobre todo porque al día siguiente algunos teníamos que conducir y además algunos (los mismos) teníamos que estar en Murcia a una hora concreta, así que, por muy bien que lo estuviéramos pasando, aquello tenía que terminar. Espero que no tardemos otros veinte años en volver por aquí.

Los Marañones en La Azohía, 20 de agosto de 2011

Como casi todos los veranos, nos vamos a La Azohía. Esta vez no es en el Rockola, como otras veces, sino en la terraza La Mar Salá, junto al Club de Buceo Cabo Tiñoso.

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Rafa y Alberto nos esperan allí, montando el equipo, y los del conjunto vamos en dos coches. Probamos una ruta nueva, yendo hacia Cartagena y atajando por Perín. El camino es más corto, pero hay tantas curvas que al final se tarda más o menos lo mismo que por otro sitio (sobre todo si no te conoces el camino, como yo). Cosas de las rutas.

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Llegamos, descargamos, montamos, probamos y allí mismo en la terraza nos comemos una especie de pizza-tostada con kebap (u otra cosa) que al menos cumple su función básica de proporcionar alimento, que ya es algo.

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Van llegando amigos y parientes, vamos saludando, charlando y básicamente esperando el momento de empezar a tocar, que, como estaba previsto, termina llegando un poco más tarde de lo que estaba previsto. Pero no mucho más tarde.

 

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Le paso la cámara a Alberto, para que me la guarde, y aprovecha para echar alguna foto del concierto.

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El conjunto: Miguel, voz, guitarra eléctrica, acústica y ukelele; Carlos, órgano y piano; Román, bajo y coros; Pedrín, batería y coros; Alberto, sonido y recuento de Boris; Rafa, esto y lo de más allá.

El repertorio: «Las manzanas del mal», «Mr. G», «Cándido», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Mi gato se llama Persona», «Tipos raros», «Mi amor es para Luci», «No soy yo», «Para decir adiós», «Shangri-La», «No soy de aquí», «Barrabás», «Un tipo surrealista», «El final», «Atrapado», «El baile», «Fuera de límite» y «Saluda al tren».
El bis: «Aquellos tiempos», «Voy loco mama» y «Conozco la canción».

Después del concierto (en el que me tocó estar demasiado cerca de la barra, con el subsiguiente efecto pasillo que ello conlleva), seguimos saludando a los viejos amigos que han ido llegando durante el concierto y nos quedamos un rato a escuchar cómo pincha la gente de Second, que vuelven a demostrar su buen gusto con esto de la música moderna, porque ponen de todo y todo bueno.

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Echamos un rato allí mismo, sin salir de la terraza, y finalmente hacemos el ánimo, acercamos los coches, cargamos los cacharros, poco a poco nos despedimos de todo el mundo y nos volvemos a casa, esta vez por la ruta clásica (es decir, por Alhama), que es más larga, pero más relajada.

 

Los Marañones en Chirivel, 17 de agosto de 2011

Quedamos en el ensayo a las 4 de la tarde. 16:00 h. A mediados de agosto, en Murcia. A las cuatro de la tarde. Sin nubes. Una experiencia harto recomendable para el que no la conozca. Te permite replantearte mucho las cosas y ayuda a tomar decisiones. Como por ejemplo, decidir no estar allí a esas horas.

Pero hay que estar. Somos seis: Rafa, Javi, Miguel, Pedrín, Carlos y yo, y tenemos cuatro coches. ¿Cómo nos vamos? Hay que llevarlo todo: la batería al completo, todos los amplificadores, teclados, guitarras, guitarrillas, etc. Pues tres coches, porque en dos no vamos a caber los seis y todo el equipo. ¿Cómo que no? Ya verás como sí.

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De algún modo todos estos años de jugar al Tetris y cargar furgonetas surten efecto y se produce el milagro: cabe todo. Todo. Miguel y Rafa se van con Javi y Pedrín y yo nos vamos con Carlos. Por el camino hablamos de Schönberg y el serialismo y escuchamos el flamante disco de Antonio Cassinello Rock And Roll Trio.

Ya en Chirivel tomamos contacto con el escenario y nos sentamos a esperar a que terminen de ajustar algunas cosas del equipo antes de empezar a descargar y montar.

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Tras hacer unas fotos de los coches cargados, por si acaso luego de madrugada no conseguimos repetir la hazaña, los vaciamos, montamos, aparece Marisa, nuestra anfitriona y empezamos la prueba.

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Hay problemas de ruidos por aquí y por allá, cables que no van, líneas que no son, etc. Vamos, lo normal. Vamos consiguiendo que suene todo, pero parece que el amplificador de Carlos hace ruido eléctrico y el micrófono de Miguel da un poco de rampa, así que cambian un cable por aquí y un enchufe por allá a ver qué pasa. Miguel prueba tímidamente a rozar el micrófono, le da un rampazo de aquí te espero y se va la luz. Suponiendo que lo arreglarán todo antes del concierto (al final era que había una manguera sin toma de tierra, ni más ni menos), nos retiramos al camerino a comer bocadillos y a jugar con el iPad de Rafa.

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Miguel aprovecha los ratos muertos para contarnos su experiencia el año anterior, con Bang!, en lo que fue el primer Festival La Sabina (el de hoy es el segundo). El día que tenían que tocar se suspendió por la lluvia y el concierto se pospuso para el día siguiente. Al día siguiente no llovió en Chirivel, pero sí más arriba, así que la rambla bajó muy, muy cargada, de modo que ellos quedaron a un lado y los instrumentos al otro, así que tuvieron que rescatarlos con la pala de un bulldozer.

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En algún momento aparece Óscar y nos vamos al hotel a ver el partido. Siempre hay un partido. En esta ocasión es la final de la Supercopa, entre, como no, el F. C. Barcelona y el Real Madrid. Como hay fiestas las calles están cortadas, así que hay que ir por la rambla. Cuando ya parece que nos estamos saliendo del pueblo reaparecemos y damos con el hotel. En el bar hay una peña madridista muy ruidosa. Vamos tomando cañas con sus preceptivas tapas mientras los de los pantalones cortos de la tele van metiendo goles. A última hora Messi mete el gol definitivo y se acaba el partido, con bronca incluida, empujones, dedos metidos en ojos y guantazos. Lo que es el fútbol, vaya.

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Nos vamos a hacernos unas fotos en una casa vieja. Gregorio, el fotógrafo, ya nos había avisado que nos quería retratar en la casa de su familia, así que venimos preparados: todos llevamos camisas limpias. Desde la casa se escucha tocar ya a Ortofálico Chisme, así que vamos aligerando con lo de las fotos para volver al recinto.

El recinto en sí es la Explanada del Lavadero, junto al lavadero, que está declarado de interés cultural. El problema es que entre el Centro Cultural que hay junto al lavadero, y que es donde están los camerinos y desde el que se accede al escenario y la explanada en sí, hay una pared de cañizo por la que los organizadores no han tenido a bien realizar apertura alguna, de forma que para poder ver el concierto hay que salir a la carretera, pasar por delante de algunas casetas de feria con abundantes patatas, y entrar al recinto de la explanada pasando por delante del guardia de seguridad que te mira mal.

El resultado es que entre estos impedimentos y el asunto de la fotografía apenas conseguimos ver la actuación de Ortofálico Chisme, que parece muy divertida. Y no corta. No sé qué hora sería ya cuando llegó nuestro momento de tocar, pero no era precisamente temprano.

El conjunto: Miguel, voz, guitarra eléctrica, acústica y ukelele; Carlos, órgano y piano; Román, bajo y coros; Pedrín, batería y coros; Javi, sonido de puta madre; Rafa, esto y lo otro.

El repertorio: «Las manzanas del mal», «Mr. G», «Cándido», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Mi gato se llama Persona», «Tipos raros», «Mi amor es para Luci», «Para decir adiós», «Shangri-La», «Barrabás», «Un tipo surrealista», «Atrapado», «El baile», «Fuera de límite» y «Saluda al tren».

El bis: «El final», «Voy loco mama».

El segundo bis: No, no, vámonos ya, que son las cuatro y media de la mañana.

Desmontamos todo y nos preparamos para cargar de nuevo los dos coches. Imposible repetir la hazaña. Principalmente porque Pedrín y Rafa se van a Murcia ahora con Óscar y por lo tanto tenemos más espacio en los coches, así que no estamos muy seguros de poder meterlo todo, porque lo que nos gusta es el desafío.

Finalmente, mientras el DJ se dedica a poner música minimalista (pero bailable) desde la cabina (que en realidad es una lancha que han puesto delante del escenario), nos despedimos de los tres que se vuelven para Murcia y nos vamos a un bar cercano con Marisa. La música viene a ser más o menos la misma hasta que ponen un disco de un grupo, creí entender que de Elche, que hacía versiones curiosas de clásicos de los Beatles, David Bowie y cosas así.

Aunque los de allí son muy simpáticos todos, como ya empieza a amanecer y preferimos mejor irnos a dormir antes de tener que levantarnos que después, nos despedimos y nos vamos al hotel, para despertarnos justo a tiempo de ver cómo aterriza el Papa en Madrid.

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Desayunamos y pasamos a despedirnos de Marisa. Sus padres nos emplazan a comernos un puchero la próxima vez. Que así sea. Carretera y a casa. Todo calculado para descargar el equipo en el ensayo a eso de las tres de la tarde. En agosto, en Murcia. Bien pensado.

Hasta la próxima, que será dentro de un par de días.

 

Los Marañones en Daimiel, 11 de junio de 2011

Recojo a Rafa y a Pedrín y nos vamos al ensayo, donde nos espera Carlos. Llegan Miguel y Alberto y nos vamos para Daimiel, que tenemos concierto.

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De camino escuchamos a Stevie Wonder y algunas canciones de Alberto. Paramos a comer en Villarrobledo, donde Miguel aprovecha para vender una mandolina.

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En Daimiel hace mucho calor.

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Tras la prueba de sonido nos vamos a comer caracoles junto a la iglesia, acompañados de bandadas de pájaros.

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El camerino está dentro del polideportivo. Alguien encuentra una pelota de tenis e inevitablemente hacemos uso de ella como buenamente podemos.

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Mientras tanto, el camerino se va animando con algunos amigos que se han acercado a saludar.

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Entre chácharas y demás vamos saliendo a ver a los demás grupos: The Lazy Jeans, Mañana y Sugar Mountain. Nos toca.

El conjunto: Miguel, voz, guitarra eléctrica, acústica y ukelele; Carlos, órgano y piano; Román, bajo y coros; Pedrín, batería y coros; Alberto, sonido y proyectos; Rafa, resolución.

El repertorio: «Las manzanas del mal», «Mr. G», «Cándido», «La memoria del extranjero», «Cruzando las galaxias», «Mi gato se llama Persona», «Tipos raros», «Mi amor es para Luci», «Para decir adiós», «Shangri-La», «Barrabás», «Un tipo surrealista», «Atrapado», «El baile», «Fuera de límite» y «Saluda al tren».

El bis: «El final», «Voy loco mama».

Y, para acabar, Holywater.

En algún momento de la noche se sortea una guitarra vintage, que gana una chica muy simpática. Carlos y yo nos acercamos a la barra y allí algún lugareño nos explica que haríamos bien en quedarnos un rato, porque las chicas están receptivas.

Nos vamos al hotel, que se llama Las Brujas y donde están celebrando una boda. Decidimos no autoinvitarnos y nos vamos a dormir.

Al día siguiente, Penetreytor seguía allí.

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Y Mazorca también.

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Y nosotros nos vamos a casa, pasando por La Mancha.

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Con Caballero Reynaldo & The Grand Kazoo por Valencia y Torredembarra

Un vídeo resumen fotográfico de la sección mediterránea de la Turné Informal de Caballero Reynaldo & The Grand Kazoo [La Caverna, Valencia, 30 de julio de 2010; La Edad de Oro, Valencia, 31 de julio de 2010; La Traviesa, Torredembarra, 1 de agosto de 2010]. Las fotos y el montaje son creación de Carlos Formby, el creador:

Aquí unos vídeos del concierto en La Caverna, cortesía de Inma:

«Electric Aunt Jemima».

«Love Of My Life», con Marieta.

Y para terminar, «In France», en La Traviesa, en Torredembarra.

 

Con Fernando Rubio y su grupo en Aranda de Duero, 19 de junio de 2010

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Foto de Juan Expósito.

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Otro autorretrato de grupo, junto al río Duero (al que afortunadamente no nos tiraron después del concierto). De izquierda a derecha: Fernando Rubio, yo, Carlos Campoy, Joaquín Talismán y Juan Expósito, el sufrido fotógrafo, que a duras penas consiguió reunirnos a todos y menos aún que estuviéramos callados y con los ojos abiertos durante el disparo.

Caballero Reynaldo & The Grand Kazoo en el Zappamundo Festival, Lisboa — 8 de mayo de 2010

Publicado originalmente el 27 de mayo de 2010.

Salgo de Murcia tranquilamente el jueves y paro a comer en Casa Julio, el célebre restaurante de Cancarix que en los años 80 se especializaba en sus famosos belmontes con mosca (que en realidad era una avispa). Aprovecho para tomarme el primer gazpacho (andaluz) de la temporada.

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En Utiel me esperaba el jefe, en el bar de siempre.

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Enganchamos a Santi, que ha llegado desde Valencia, y nos vamos hacia San Clemente, a hacer una parada técnica familiar. Después de perseguir a un camión de paja por un camino imposible, conseguimos recuperar nuestro rumbo original y finalmente llegamos a San Clemente.

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La Mancha es lo que tiene, que es muy tranquila. De allí nos vamos hacia Madrid. Por el camino equivocado, por supuesto. Después de intentar perdernos en Alcorcón sin demasiado éxito, recogemos a Manoel. Ya estamos todos. Por el camino, como era de esperar, vamos oyendo música todo el rato, con CD-Rs repletos de archivos MP3 de lo más variopinto alternando con mi reproductor, que está repleto de música de 1970 (sí, así de específico). Si hay suerte, Luis apenas deja sonar una o dos canciones de cada álbum antes de pasar al siguiente. Excepto cuando Manoel lo amenazó de muerte si quitaba el Lizard (1970) de King Crimson.

Luego descubrimos que James Brown en realidad canta en español, repitiendo una y otra vez: «¡Quiero limón, quiero limón!», y, para celebrarlo, hacemos una paradita en Las Esparteras, un asador de la Carretera de Extremadura con una clientela impresionante. Entre ellos estos dos, ya mencionados:

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Dentro del bar, junto al asador repleto de todo tipo de cadáveres suculentos, comprobamos que los arzobispos también van al baño y que los jamaicanos están por todas partes. Eso sí, las olivas estaban buenísimas.

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Seguimos camino, adentrándonos en tierras extremeñas. Pronóstico: lluvias generalizadas.

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El río Ebro, a su paso por Sevilla.

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Amenaza cumplida:

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Finalmente, los kazoos hacen su entrada en Portugal. De izquierda a derecha: yo, Manoel, Santi y Luis G.

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Pasamos la aduana de Lisboa (más bien el peaje), bajo la mirada atenta de un tipo con los brazos abiertos.

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Y después de cruzar el puente pequeño, que es enorme, nos adentramos por las avenidas lisboetas buscando nuestro hotel. Monster y Mo ya están por allí y nos indican cómo llegar: la minifalda en la esquina entre la calle tal y la avenida cual. Después de dar varias vueltas alrededor de la plaza de toros, en varias direcciones diferentes, conseguimos volver a donde estábamos, empezar de nuevo y dar con nuestros amigos, a los que en realidad no conocíamos.

Aquí una foto de Luis unos segundos después de conocer en persona a Monster:

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Nos acomodamos en el hotel (residencia, en realidad), que no se puede decir en ningún caso que sea de reciente construcción. Nos vamos a cenar cerquita a un restaurante completamente vacío. El camarero parece malhumorado al vernos entrar, pero pronto descubrimos que en realidad tiene un sentido del humor especial. Y muchas ganas de irse a su casa.

Pero con nosotros lo tiene difícil, porque pronto se nos suman Sebastián (a partir de este momento conocido como Sebastião Molineiro) y Eva, que llevan todo el día por ahí.

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La conversación se anima. Aquí Mo (que todavía no había salido en las fotos), contándole algo sorprendente a Luis.

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Eva y Sebastián nos llevan a una zona de bares que ellos ya conocen, que en realidad es una trampa con eterna subida de escaleras incluida. Subimos y subimos escaleras, buscando el local apropiado, que nunca llega. Es una situación clásica.

Por el camino vemos carteles del Zappamundo Festival y de pronto nos acordamos de por qué estábamos todos por aquí.

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Sea como sea, conseguimos decidirnos por un local, ya cuesta abajo, que resulta estar plagado de adolescentes.

Pero tiene futbolín, aunque los jugadores son monopodos. No es una excusa, pero no es lo mismo. Ya llegará la revancha.

El día siguiente amanece gris y lluvioso.

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Manoel y yo nos subimos a desayunar a la última planta del hotel después de intentarlo infructuosamente en una peluquería del entresuelo, y de allí nos vamos con Monster y Mo a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, Santi y Luis se han levantado muy temprano y se han ido cada uno por su cuenta a recorrer Lisboa. Los demás nos quedamos a cubierto, dejando que Lisboa nos vaya recorriendo a nosotros. Vuelve Luis.

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Se nos agrega JV, que ha conseguido aterrizar a pesar de la nube de ceniza islandesa que asola los cielos.

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Volvemos a la residencia y de camino veo una escalera fotable. La foto.

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Ya en la residencia, descansamos un ratito antes de irnos al Liceo a montar los trastos para la prueba de sonido y todo eso. Manoel aprovecha para hacer unas cuantas escalas.

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Pero por mucho ruido que intente hacer, no consigue que no me duerma.

Ya más fresquitos, nos presentamos en el Liceo Camões. Concretamente en el gimnasio, que es donde se hace el concierto.

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Como queda un buen rato para nuestra prueba de sonido, nos vamos a matar el tiempo a un centro comercial que hay cerca.

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Allí descubrimos cómo hacer fotos panorámicas con el teléfono de Manoel y nos vamos de vuelta al Liceo, caminando sobre el empedrado.

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Allí nos esperaban Javier y Mª José. Ya estamos casi todos.

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Se nos une Santi, que luego nos enseñará algunas fotos estupendas de la Lisboa que yo nunca vi, y probamos sonido, tratando de entendernos con el técnico, aunque la barrera no sea necesariamente idiomática. Cuando quedamos medianamente satisfechos, ignoramos algún que otro comentario, y damos por terminada la prueba. Dejamos las cosas en el camerino y saludamos a la cámara.

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Cómo no, nos vamos de nuevo al centro comercial, que debe ser uno de los sitios menos característicos de Lisboa, pero es que somos así.

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Y llega la hora de tocar. Abren Zappanoia y después vamos nosotros.

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El repertorio completo: «Lumpy Gravy», «Pojama People», «Dirty Love», «Find Her Finer», «Mudd Club», «Love Of My Life», «Goblin Girl», «Catholic Girls», «Muffin Man», «Electric Aunt Jemima», «I Have Been In You», «Eat That Question», «Bobby Brown», «He’s So Gay», «Big Leg Emma», «Trouble Every Day», «Crew Slut» y «The Torture Never Stops».

El conjunto: Luis González, voz y guitarra acústica; Manoel Macía, guitarra acústica; Román García, bajo acústico y coros; Santi Serrano, batería y percusión.

Aquí una parte de la actuación, con «Bobby Brown» y «He’s So Gay», filmado por JV con la cámara de Santi (que es el que autorretrata al conjunto en la introducción):

Y aquí el final, con «The Torture Never Stops»:

Después del concierto, mientras actúan los magníficos Low Budget Research Kitchen, nosotros nos dedicamos a pasar un buen rato con los liZteros y las no tan liZteras. Aquí Eva meándose de risa con las cosas que dice su Sebastián:

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Santi haciendo migas con el cantante y guitarrista de Zappanoia, un tipo muy majo.

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Mo y Monster (que definitivamente parece capaz de cambiar de fase).

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A lo lejos, el cowboy solitario ha puesto puesto.

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Las conversaciones se van poniendo interesantes, pero empezamos a estar cansados y es tarde. Se escuchan algunas frases gloriosas, como: «Tú callate, bonita, que eres la más guapa de la fiesta», o: «Pero, pero, ¡éste es el auténtico freaky!» Mientras tanto JV empieza a decirlo todo en portugués, así que definitivamente es hora de irse. Quedamos todos en agosto en la Zappanale. Pero, antes de retirarnos, se necesita una foto de familia. De algún modo conseguimos reunirnos toda la pandilla.

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De izquierda a derecha: Luis G, Manoel, Monster, Mo, JV, Eva, Sebastián, Javier, Mª José, yo y Santi. Al fondo, arriba, el cielo rojo de Lisboa.

Al día siguiente volvemos a casa, dejando la ciudad preparada para la visita de otra conocida estrella internacional.

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El virus JV se me ha contagiado y voy casi todo el camino de vuelta hablando con acento portugués. Tratando de hablar con acento portugués, más bien. Los demás kazoos lo sufren en silencio. De nuevo los campos extremeños.

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Con doble arco iris incluido, acercándonos a Madrid para dejar a Manoel.

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Y de vuelta a La Mancha manchega.

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De allí a San Clemente y a Utiel, luego Santi a Valencia y yo a Murcia al día siguiente. Y hasta la próxima.

 

Caballero Reynaldo & The Grand Kazoo, Barcelona, 21 de mayo de 2009

Aterrizo en Utiel a la hora de comer, y para la siesta, un concierto completo de Sparks. Después, repaso y visita al Pollo. Al día siguiente nos levantamos pronto y nos vamos para Barcelona en el BMW de John Malkovich. Luis, Luis y yo, ésos vamos.

Ya en Barcelona conseguimos llegar al Centre de Artesás Tradicionarius, no sin esfuerzo, ni sin las cuatro vueltas al barrio de Gracia de rigor. Dejamos los cacharros dentro de la sala, justo antes de que cierren, y nos vamos a comer. Al bar de enfrente, claro. Allí están Sergi, de la organización, y los Filthy Habits al completo, así que hay un primer saludo general, que se irá individualizando poco a poco a lo largo de la velada.

Y empiezan a aparecer liZteros. En una primera tanda aparecen el Creador, haciéndose carne entre nosotros, JV, al que no veía desde los ensayos, Javier Marcote, siempre con algo interesante para enseñar (en este caso una reproducción de la carta que Zappa mandó a los encargados de la Expo ’92 proponiéndoles la creación de una Orquesta Mundial), y el inigualable Francesc. Abrazos de oso, saludos cariñosos, esto y lo otro.

De allí al hotel, donde nos esperan Manoel y oZcar, los demás Kazoos. No hay tiempo de siesta ni prácticamente de nada, así que los Kazoos en pleno nos vamos con el instrumental restante a la sala a probar sonido. Como los Filthy no han acabado, aprovechamos para meternos en el camerino y hacer un último ensayo o repaso, mientras mareamos a Olga, la encargada del tinglado, pidiéndole agua mientras intenta informarnos sobre el asunto de la cena partiéndose de risa. Y es que, otra cosa no, pero graciosos somos.

La prueba de sonido. Que si suena, que si no suena, que si más reverb, que si qué es eso, que si suena como Gary Kellgren susurrando en We’re Only In It For The Money (chiste interno), que si el trombón, que si la mandolina, que cuando más la tocas, más se empina, que si se afina, que si no me oigo, que si no te oigo, y al final, como siempre, virgencita, que me quede como estoy. Y al bar otra vez, que nos esperan los liZteros.

En la puerta nos encontramos a Christian (al que no conocía en persona, pero que reconocí al instante) con su hija Elia y otro tipo al que me presenta como Miguel. Yo, en mi proverbial despiste, pensé que era un amigo de Christian y empecé a comerle la cabeza con que si la liZta esto y la liZta lo otro. Poco después comprendí que en realidad era Miguel Tomás, otro liZtero, y que Christian y él se habían conocido unos minutos antes. En fin. Al bar, en cualquier caso.

Allí la cosa ya iba tomando aspecto de auténtica reunión multitudinaria. A ver: el Creador, de Málaga, Luis G. y Luiti «Malkovich», de Utiel, JV, de Valencia, Christian y Elia, de Barcelona, Miguel Tomás, ídem, Javier Marcote, oZcar y Manoel, todos de Madrid y alededores, mi viejo amigo Sebastián Molinero, desde Castellón, Nando Caballero en persona (el único que me faltaba por conocer en persona de los liZteros presentes, aunque ya habíamos hablado por teléfono en alguna ocasión, aunque suene antiguo), Susana, amiga de Manoel, Rosa, amiga de los utelienses, residentes ambas en las tierras que visitábamos, yo mismo, desde Murcia, claro, y ya, para rematar, aparece de nuevo Francesc con Cecilia, su Sra. Señora, y su hija Jenny. Yo no sé contar gente, pero había bastante. Y seguro que me olvido de alguien.

Y, antes de poder acabar las catorce conversaciones que hay abiertas, nos vamos para la sala de nuevo, que nos toca enseguida.

Sobre el concierto, poco que decir: que lo pasé en grande, que es un lujo tocar con estos tres elementos alrededor, y que desde el escenario se podía ver a todos los liZteros sentados en primera fila, así que era como estar en casa. O como en el bar de enfrente, excepto por las cervezas.

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Algunas opiniones autorizadas:

oZcar McCuenca:

Sobre el concierto diré que me sentí muy comodo y feliz. La organización fue excelente y nos trataron de maravilla, la conexión y complicidad entre los Kazoos fluye de manera espontánea y el calor liZtero fue definitivo para pasar una jornada que me devuelve la alegría de haber elegido este oficio, muchas gracias a todos.

JV:

Un éxito, señores. Y menudo moratón tengo en la cara anterior del antebrazo derecho. De aplaudir, sí, ahí. Ya sé que es raro.

Javier Al Fresco:

Sobre el concierto de Caballero Reynaldo y Grand Kazoo: Con clase, con arte, con anécdotas incluidas y risas por medio…Y por supuesto dando a conocer la calidad que atesora.

Francesc:

Señores que conciertazo del Caballero Reynaldo!! Impresionantes las versiones en vivo, sonaban a Gloria caida del cielo.

Christian:

[El concierto de Reynaldo] me emocionó, me divirtió, me hizo sonreír durante esos cortos 30-45 minutos de manera irremediable y satisfecha, y me hizo estar orgulloso de poder decir q soy un poco amigo de estos cuatro cuatreros zappianos. [Caballero Reynaldo] hace q una niña de 4 años sonría durante 40 minutos (no digamos entonces ya los mayores).

Sebastián:

El concierto de Caballero Reynaldo & kazoos fue muy fresco y divertido, con una interpretación que me pareció íntima y sensible. Fue un gustazo poder ver en directo a los kazoos y una gran emoción disfrutar de nuevo a Cabellero Reynaldo. Se les vió muy tranquilos y con gran sintonía pese a que no habían ensayado más que un puñado de horas y se acababan de conocer en persona. Y todo ello con la ausencia de la batería que imagino que simplifica las cosas a la de tocar. Los arreglos de The Torture muy acertados y cada vez que escucho la versión de I have been in you se me ponen los pelos de punta.

Wito:

Joer, qué pena me ha dado perdermelo la leche!

Después de lo nuestro, nos fuimos a comernos un bocadillo y a ver un rato a los fantásticos Filthy Habits. Se atreven con el repertorio más complicado y consiguen hacerlo sonar distendido y divertido. Una pandilla de músicos excelentes y muy buena gente al trato. Estuvimos hablando con algunos de ellos antes y después, especialmente con el guitarrista, Director López-Wilkins, esporádico liZtero, y con el saxo barítono y la simpática teclista venezolana, capaz de atreverse con las partes más complicadas de George Duke y salir airosa. Y encima se ríe.

Y después a la calle, que es donde fuma la gente ahora, y que es donde nos echamos una foto antes de que comenzara la dispersión:

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De izquierda a derecha y de arriba a abajo: oZcar McCuenca, Javier Marcote, Luiti Malkovich, JV Campos, Christian Elessar, Luis G., Miguel Tomás, el menda lerenda, Carlos Formby el Creador, Nando Caballero, Manoel Macía, Susana y Sebastián Molinero. Francesc y su familia se acababan de ir

Y después de la foto, y de charlar un rato con Alfred Crespo, del Ruta 66, al bar de enfrente de nuevo, a seguir con lo que estábamos antes de los conciertos. Y después, la nada: a buscar otro bar que no existe, siguiendo esa antigua tradición de patear calles y más calles siguiendo a los guías locales mientras vemos cómo se van cerrando las persianas.

En fin, que nos despedimos y nos vamos al hotel. Nando nos lleva a oZcar y a mí, y los otros no tienen tanta suerte, porque se van con un taxista que parece no ser capaz de encontrar la calle del hotel ni siquiera después de haberla encontrado. Un breve repaso con Manoel a la cultura cinematográfica y literaria contemporánea y a dormir.

Al día siguiente, desayuno con despedidas emotivas, abrazos y algún que otro chiste pésimo que he repetido una y otra vez desde entonces para no olvidarlo y, después de extraer con dificultad el BMW del mini-garaje del hotel, Malkovich, Reynaldo y yo nos vamos de vuelta para Utiel, pasando por el Camp Nou, ¿por qué no? Los demás, por sus partes, se van en general a donde vayan, antes o después, y utilizando el medio transporte que les vaya tocando. Nadie va en barco, que yo sepa.

Ya en Utiel, después de comer, grande siesta con las más de tres horas del hilarante documental Classic Artists: Yes (2008). Y al día siguiente, de vuelta a casa, oyendo a Malcolm Scarpa y con algunos fascículos de jamón en el maletero (gracias de nuevo, Christian).

Aquí un reportaje fotográfico del Creador:

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Y un montaje de vídeo del mismo con el mismo:

Y aquí unas cuantos fotos que nos hizo César Merino, pinchando en «+», luego en «MUSICA», luego en «R» y luego en «Reynaldo Caballero & The Grand Kazoo». Creo que no hay un camino más fácil para verlas, pero merece la pena.

Los Marañones en el VIII Desencuentro Enemigo, Bilbao — 6 de diciembre de 2008

Buenos días en Aranda. Desayunamos enfrente del hotel, en el Bar Moderno, fundado en 1947.

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Y después nos vamos de tapeo no muy lejos, a Casa Silviano, «¡alto y a beber!».

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Y salimos de Aranda cargados de vino, valga la redundancia, camino de Bilbao.

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Llegamos al mismo Bilbao y conseguimos encontrar la plaza donde está el hotel.

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Pero lo primero es lo primero. El gran Wito, nuestro anfitrión, nos encuentra tomando cañas y pinchos al lado del hotel. La primera impresión siempre es importante.

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Después de dejar las maletas y eso (sea lo que sea eso), nos vamos a la sala, que antes fue una iglesia y ahora es BilboRock.

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Aprovecho que el sitio es bonito para intentar hacer algunas fotos de la prueba de sonido sin que salgan demasiado movidas (es decir, apoyando la cámara sobre el amplificador).

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Y después de la prueba y de conocer a la gente de Bosco el Tosco y su Puta Banda, muy majos, nos lanzamos a la noche bilbaína para desencontrarnos.

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Y finalmente nos encontramos con los del VIII Desencuentro Enemigo, que nos invitan a una merienda de cumpleaños con serenata incluida en el sótano de un bar bilbaíno.

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Donde, entre otros, conocemos al legendario Ragtime Willie.

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Por allí también andaban nuestro paisano Txus, y Javi Enemigo, con el que ya habíamos estado en Madrid, y, bueno, un montón de gente genial, a la que conocíamos en parte gracias a Requesound. Y no me lío a decir nombres y más nombres, porque seguro que me olvido de alguien y quedo fatal, pero vaya, por Requesound se les suele encontrar a todos. Después de la merienda, el postre (mientras tanto, en el piso de arriba, Rosa Díez se tomaba algo en la barra).

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En el recital final, antes de irnos corriendo para la sala, Carlos descubre un nuevo instrumento, marca Suchard.

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Y de vuelta a BilboRock, paseando, que la noche es muy agradable. Sólo llueve lo justito para refrescar el ambiente.

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Al llegar a la sala, me encuentro con el privilegio de conocer en persona al incomparable Teddy Baxter, de Botxo Boogies, compañero de Unmatcheds, que se acercó a saludar, aunque no pudo quedarse al concierto. Un placer. En el camerino, nos entretenemos leyendo El Karma, la revista que edita Bosco el Tosco.

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Y comienza el concierto. Aquí unas fotos de Sigfredo H. Haro del divertido concierto de Bosco el Tosco y su Puta Banda. Y aquí otras del nuestro.

El repertorio fue el mismo que en Aranda, con la excepción de que la bola extra, «Cinnamon Girl», se convirtió en una auténtica fiesta, con Wito subiéndose a tocar los timbales con Pedrín, y Carlos estrenando su nuevo instrumento al ritmo de «We Will Rock You» tras entonar unos cuantos cantos al vino que, recordemos, había estado repasando allí, en Aranda. A Wito, antes de subirse, todavía le dio tiempo de grabar algunas canciones con la cámara de su móvil:

Allí mismo tuve también la ocasión de conocer por fin al liZtero Borja Aramburu, que también hizo algunas fotos y luego escribió una crónica del concierto en su blog. Otro montón de fotos en la galería de Requesound, y allí mismo, un artículo de Ragtime Willie sobre el Desencuentro. Aquí otro de Klimtbalan, con la que tenemos unos cuantos conocidos comunes, en Bullas y en más sitios, y aquí una crónica de Kintela.

Vaya, con eso creo que se puede hacer uno una idea de cómo fue la cosa. Después del espectáculo, el alterne, bastante movido.

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Tras recoger el equipo, cerrar la sala, sufrir la trágica pérdida de una de las botellas de vino que traíamos de Aranda, recuperar (tras unas cuantas gestiones de Wito y Txus, que aprovecharon para aprovechar, valga la redundancia, el tiempo con nosotros en el bar del hotel, abierto las 24 horas, cosa de agradecer en esas circunstancias) una bolsa que había acabado traspapelada entre las cosas de Bosco y dejar la furgoneta a buen recaudo, comenzó una peregrinación por la noche de Bilbao, guiados por Wito, que tenía la imposible tarea de tratar de trasladar a unos cuantos marañones, un montón de desencontraos y una pandilla de requesounderos de bar en bar, buscando uno con holgura suficiente para dar cabida a todos. En cada esquina perdíamos a alguno. Pero luego volvíamos a encontrarlo, claro.

Otro de los objetivos que teníamos Wito y yo era conseguir reunirnos con Borja, que llevaba su propia pandilla, sin perder la nuestra. Recuerdo ir en un taxi con Wito mientras él hablaba con Borja para saber por dónde andaba y verlo de pasada en la puerta de un bar con el teléfono en la oreja y saludando. Total, que sí, finalmente hubo mini-encuentro liZtero en toda regla, como atestigua la foto que alguien nos hizo con la cámara de Borja (falta Txus, aunque también andaba por allí, pero es que últimamente se prodiga poco por la liZta):

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Luego la gente se fue despidiendo poco a poco, y al final nos quedamos unos cuantos (incluido prácticamente todo el sector gallego del Desencuentro, claro) tratando de encontrar un lugar decente para seguir disfrutando de la noche. Cuando, después de una búsqueda infructuosa, descubrimos que la única opción era esperar media hora en la calle hasta que abrieran un garito nocturno pero mañanero, tomamos un camino. Guiados en esta ocasión por Ragtime Willie (Wito se quedó esperando con los gallegos), que se alojaba en el mismo hotel que nosotros, y que puso a prueba nuestra fe mientras nos llevaba callejeando por todo Bilbao, conseguimos llegar a nuestras habitaciones.

Al día siguiente, era de día. Y, como somos animales y de costumbres, volvimos al bar de los toneles, que nos había gustado.

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Y pa la casa.

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Con la imprescindible parada para comer, claro.

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Aunque volvimos por Valencia, no nos perdimos los famosos molinos de viento manchegos.

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Y, ya de noche, llegada al hogar, reparto de personas, descarga de instrumental, abandono de furgoneta, espera de taxi, y a dormir. Hasta la próxima.

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Comentarios (rescatados)

David González, 19 de enero de 2009

Hola Román.

Me he permitido comentar en la Playa de Neil (el equivalente de la liZta) vuestro tributo a Young con Cinnamon Girl y han colgado un post en el blog. Supuse que querrías saberlo.

Un saludo.

Román, 19 de enero de 2009

Gracias, David. No conocía La playa de Neil. Hasta ahora. Ya me estoy dando un chapuzón allí.

klimtbalan, 3 de febrero de 2009

Hola Román, no conocía tu blog, lo he descubierto por casualidad, y me ha encantado refrescar la memoria con esa genialidad de Bilbao.

Una crónica mu chula. Espero veros en concierto pronto, la putada es que tocáis este finde en Mula y yo voy al siguiente a Bullas…

Te enlazaré por mi blog para tenerte cerquita.

Un beso para cada uno de esos marañones!!

Román, 3 de febrero de 2009

Bienvenida, klimtbalan. Claro, yo sí conocía el tuyo, y aprovecho para recomendárselo a todo el que pase por aquí: klímtBalan’S. Una lástima lo de Bullas/Mula. A ver si el próximo…