Mes: marzo 2017

«Rumbo sideral»

Ricardo solía venir por mi casa con un montón de canciones que quería grabar como fuera para no olvidarlas, así que yo enchufaba la pletina y él iba tocando una detrás de otra. Yo a veces le acompañaba dando golpes a cosas pretendiendo llevar algún ritmo. Desgraciadamente el micrófono que usábamos tendía a recoger esos golpes desacompasados mucho mejor que la guitarra acústica o la voz. Pero, en fin, sea como sea, las canciones quedaban registradas para la posteridad.

Ésta en concreto se grabó originalmente en 1984 y siempre nos había gustado, pero nunca habíamos sabido muy bien qué hacer con ella. La ocasión le llegó en 1997, cuando Pedro (Jiménez) le escribió una ensoñadora letra sobre viajes espaciales, con evocadoras imágenes de nuestro planeta visto desde arriba, y la tituló «Rumbo sideral», para que Miguel y Ricardo la grabaran en casa de Miguel durante las sesiones de Los Santos de Palo (1996-1998), con apenas una guitarra acústica y algo de percusión —mejor tocada que en la versión original, sin más remedio—, usando mi grabadora de cuatro pistas. Pero eso era casi suficiente.

Cuando decidimos grabarla en diciembre de 1998 para nuestro disco Shangri-La (1999) en los estudios SPL de Cabezo de Torres, partimos de la versión casera de Los Santos de Palo, con Miguel tocando guitarras acústicas y Joaquín Talismán la guitarra española, y con invitados especiales como Juan Carlos Armero tocando percusión e Íñigo Uribe, por entonces teclista de M-Clan, tocando la flauta para darle color. Ni batería ni bajo. No hacía falta.

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Juan Carlos Armero, congas y shaker.

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Joaquín Talismán, triángulo.

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Pedrín, claves.

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Íñigo, flauta.

Sólo la tocamos en directo unas cuantas veces entre 1999 y 2000, mientras Joaquín estuvo en el grupo. Como no llevaba bajo en la grabación original, pero sí mucha percusión, yo me limitaba a tratar de llevar el ritmo con las claves.

La canción volvió a asomar su delicada cabeza unos cuantos años más tarde en otro contexto. En 2010, cuando Javi Chou asumió el papel de Holandés Errante en el musical Cruzando las galaxias, decidimos incluir «Rumbo sideral» en la obra, adjudicándosela a su personaje.

La versión del musical está disponible aquí:

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Bla bla». A continuación: «Caigo».

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«Bla bla»

Otra de las canciones que grabamos en 1983 tratando de sacarle partido al Casiotone fue «Bla bla», que también recuperamos en la repesca de 2001 para incluirla finalmente en El mundo al revés (2004).

Para la grabación del álbum intentamos buscar algunos samples que se asemejaran a los sonidos originales del Casiotone, grabamos una serie de secuencias de bajo en casa de Miguel que luego desistimos de recrear en el estudio (por eso en los créditos pusimos eso de «bajo casero»), e invitamos a nuestros amigos de la sección de viento —es decir, Pepe García a los trombones, Antonio a las trompetas, Fransuá a los saxos, y, con la trompa, el joven Kiko, al que le pedimos que le sacara a su instrumento algunos sonidos parecidos a los que John Entwistle usaba en Tommy (1969), el disco de The Who— para que añadieran intensidad a la canción.

La canción la llegamos a tocar en directo media docena de veces o así entre 2004 y 2005, durante la gira de presentación del álbum, pero muy pronto se quedó fuera del repertorio.

 

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Funky Pop». A continuación: «Rumbo sideral».

«Funky Pop»

En 1983 nos compramos entre cuatro amigos un auténtico Casiotone VL-1, el instrumento más moderno (y asequible) del momento, y, aparte de grabar cintas y cintas de infructuosos intentos de emular a Kraftwerk o a Los Iniciados, hicimos algunas pruebas utilizándolo para añadir color a las grabaciones de canciones de Miguel y Ricardo que hacíamos en mi casa en esa época. Uno de esos intentos fue «Funky Pop», una presunta canción disco de título explícito, que Miguel recuperó en 1999, actualizando la letra original —que no tenía ningún sentido—, y que decidimos grabar para El mundo al revés (2004). Miguel preparó unas secuencias muy trabajadas de teclados y sonidos de cuerdas, pero finalmente, por cuestiones de espacio, la canción se quedó fuera del disco. Afortunadamente nos atrevimos a recuperarla en todo su esplendor sintético para el recopilatorio Rarezas (1988-2012) (2015).

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «El sonido del silencio». A continuación: «Bla bla».

«El sonido del silencio»

Otra canción de aquella cinta de Ricardo de 1983, que siempre nos había gustado mucho pero que tampoco recuperamos hasta 2001, cuando conseguimos escribirle una letra apropiada, tratando de homenajear a Paul Simon (y no sería la última vez que nos acordáramos de él).

Yo tengo una canción para cantar cuando no estás.
Tú no la puedes escuchar.
Es el sonido del silencio…
Si no estás aquí hay música sin notas para ti.

Como con «El mendigo», Miguel, Pedrín y yo grabamos una versión con el ordenador en casa de Miguel, utilizando samples y secuencias, pero esta vez utilizando algunos instrumentos de verdad, incluida una elaborada línea de bajo compuesta por Miguel. Como decoración, añadimos pequeños homenajes a Duke Ellington y Thelonious Monk. No en vano, un año antes habíamos sido invitados a participar en el Festival de Jazz de Murcia.

Para la grabación de la canción en El mundo al revés (2004) intentamos vestirla apropiadamente, recreando fielmente la versión que habíamos preparado en casa, pero ahora con la inestimable ayuda del trombón de Pepe García, la trompeta de Antonio López, y el piano de Carlos Campoy.

Los sonidos de ambiente que se escuchan al principio los habíamos grabado en casa de Miguel, con la participación estelar de Ana Alberdi y de Pilo, al que también podemos ver dando saltos en la portada de La revolución (1994). La conversación, aunque ininteligible, es real, e incluye un chiste de «se abre el telón» sobre un célebre músico de Liverpool que nos había contado poco antes Carlos Turbina.

Empezamos a tocar «El sonido del silencio» en 2001, poco después de preparar la versión casera y meses antes de entrar al estudio de grabación, y se mantuvo en el repertorio hasta finales de 2005.

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «El mendigo». A continuación: «Funky Pop».

«El mendigo»

En aquellos primeros años de grabaciones caseras, Miguel llevaba ya algún tiempo tocando con grupos de todas clases —unos intentando tocar lo que les gustaba y otros tocando lo que había que tocar para conseguir conciertos—, así que empezaba a conocer a otros músicos de Murcia. Ricardo por su parte conocía muy bien a la gente del grupo Ítaca, ya que había tocado con ellos en ocasiones cuando aún no tenían nombre (Miguel solía llamarlos «Perpen Boys»), así que en 1983 Ricardo, Miguel y Pedro (Jiménez), decidieron dar un paso adelante y llevarse al ensayo de Ítaca algunas de las canciones que hacíamos en casa para tratar de grabarlas con instrumentos de verdad, como guitarras y bajos eléctricos, teclados y baterías. Nos echaron una mano Mariano Barrera, que ayudó con el sonido y grabó algún piano y alguna guitarra solista que nos dejó boquiabiertos, y sobre todo Fredy Valera, que tocó la batería en un par de canciones. Nunca habíamos oído esas canciones con una batería de verdad.

A pesar del esfuerzo, aquellas grabaciones no llegaron a ninguna parte y, de hecho, no hemos recuperado nunca ninguna de esas canciones para el repertorio de Los Marañones. Pero eso no nos detuvo, y poco después Ricardo nos pasó una cinta con un montón de canciones nuevas que había grabado en casa con la guitarra acústica. Entre ellas estaba la versión original de «El mendigo», que no recuperamos hasta 2001, cuando empezábamos a trabajar en lo que sería El mundo al revés (2004), rebuscando entre las cintas antiguas que habíamos digitalizado. Miguel le hizo una letra para la ocasión y nos entretuvimos los tres —Miguel, Pedrín y yo— en su casa preparando secuencias y bucles con el ordenador, utilizando samples de toda clase de sonidos, sin llegar a tocar ni una nota con instrumentos reales.

Finalmente se quedó fuera de la lista que llevamos al estudio cuando grabamos el disco, y años más tarde decidimos incluir esta versión casera en el recopilatorio Rarezas (1988-2012) (2015), como muestra del tipo de sonidos con los que nos estábamos divirtiendo a principios de este siglo.

 

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Dónde estará». A continuación: «El sonido del silencio».

 

«Dónde estará»

Otra vieja canción de aquellas primeras cintas de 1982 o 1983, a la que intentamos poner una letra en español en 1985 sin mucha convicción. En 2000 Miguel la recuperó, le escribió una letra nueva mucho más interesante que trataba sobre búsquedas imposibles, y la grabó en casa con su ordenador utilizando toda clase de samples y sonidos secuenciados. Para la versión final que apareció en El mundo al revés (2004) reutilizamos algunas de esas mismas secuencias y grabamos además nuestros propios instrumentos —incluido el órgano de Carlos Campoy—, para secuenciarlos también y hacer bucles que sirvieran como base de la canción.

Nunca la hemos tocado en directo.

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Mi carretón». A continuación: «El mendigo».

«Mi carretón»

La segunda cinta «elepé» que grabamos en aquellos tiempos prehistóricos la bautizamos Perros de colores (1982-1983). Era una cinta de sesenta minutos, y en ella venía la versión original de «Mi carretón». La letra la escribimos muy poco después, en 1985, en la época en que nos empeñamos en regrabar con letra en español algunas de las que por entonces ya empezábamos a considerar viejas canciones. Habla de alguien que se encuentra un carretón y decide pintarlo, pero no termina de decidirse por el color. Las grandes canciones cuentan grandes historias.

Aunque no volvimos a grabarla ni a tocarla durante años, la canción siempre nos había hecho mucha gracia, así que Miguel decidió recuperarla en 1999, cuando empezaba a utilizar el ordenador personal como estudio de grabación. Decidimos ser valientes y volver a grabarla para El mundo al revés (2004), conservando la letra original, que ya decía todo lo que había que decir. Finalmente se quedó fuera del disco, que se nos hacía demasiado largo, pero no era cuestión de que la humanidad se quedara sin oír «Mi carretón», así que la hemos incluido en el recopilatorio Rarezas (1988-2012) (2015). La instrumentación es un poco inusual. En lugar de batería, Pedrín le daba golpes con unos palos a una escalera que había en el estudio. Miguel tocaba la guitarra acústica rítmica e invitamos a Santiago Campillo —que no entendía muy bien por qué nos tomábamos tanta molestia para grabar una cosa así— a que fuera improvisando con su guitarra acústica y el slide durante toda la canción.

Sólo hemos interpretado en directo «Mi carretón» en una ocasión, en 2005, durante la presentación en acústico de El mundo al revés (2004). Afortunadamente nuestro amigo Txus de Requesound estaba allí con su cámara de fotos (¡que también grababa vídeo!) para dejar constancia histórica del momento. Especialmente del momento en el que el bajista, nada más empezar y teniendo en cuenta que la canción sólo tiene dos notas, decide tocar la otra.

 

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «No es raro el buey». A continuación: «Dónde estará».

«No es raro el buey»

Para darle a aquellas primeras cintas aires de «álbumes conceptuales» solíamos grabar algunas chorradas y tonterías entre canción y canción, o ruidos recurrentes, como pasear el micrófono por las cuerdas de la guitarra eléctrica (eso era «el monstruo»). Cuando estábamos montando el álbum Shangri-La (1999), decidimos recuperar algunas de esas tonterías y hacernos un homenaje a nosotros mismos y los viejos tiempos incluyendo un par de ellás entre canción y canción en el disco, como pistas ocultas, y las llamamos «Ámbito Voluptuoso» y «Si me queréis, irse».

Uno de esas tonterías se convirtió en uno de los grandes éxitos de la cinta Mi perro monstruoso (1982). Para rellenar los pocos segundos que quedaban al final de la cinta, Ricardo improvisó una canción a partir de un solo acorde y la letra de «Close To The Edge», la canción de Yes, que le puse delante. De ahí salió «Not Right Away», que se convirtió en una broma recurrente, porque habíamos calculado mal y esos pocos segundos resultaron ser unos cuantos minutos, así que le estuvimos dando vueltas y más vueltas a las cuatro frases de la canción hasta que se acabó la cinta. Y, cómo no, volvimos a grabarla para empezar la siguiente cinta, para darle «continuidad conceptual» a lo que nos planteábamos como el segundo «elepé». Y la volvimos a grabar. Una y otra vez. Casi en cada cinta.

A finales de 1984 yo me empeñé en ponerle letra en español a todas esas canciones que habíamos ido grabando. Como fuera. Sin sentido. Sin escrúpulos. Cada canción iba a tener una letra, para bien o para mal. Y si sonaba parecido a lo que cantábamos en inglés, mejor que mejor. En el caso de «Not Right Away» lo más fácil fue convertirla en «No es raro el buey», de forma que la frase «Down to the corner by the river» se transformó en «Dale en los cuernos que se ría», y así con las otras tres o cuatro frases de la canción. Grabamos una cinta de casete «elepé doble» de noventa minutos con todas las canciones interpretadas de nuevo en español y la llamamos Bizcotur (1985), a raíz de una palabra inventada por Camilo José Cela en la película La colmena (Mario Camus, 1982) en una escena que nos había hecho mucha risa.

La broma con «No es raro el buey» siguió y siguió, hasta el punto en que cuando Los Marañones empezamos a tocar en directo en 1987, nos inventamos una versión con el ritmo de Bo Diddley que se convirtió en parte imprescindible del repertorio. Aquí una grabación de octubre de 1987, en un mítico bar de Murcia, El Tercer Mundo, con Fredi Valera y Tere Luengo en el grupo, filmada por Eduardo Cortils:

La íbamos transformando y la incluíamos en casi todas las maquetas que grabábamos, como ya hiciéramos con las cintas caseras unos años antes. Esto es una versión más acelerada, grabada un año después, en noviembre de 1988, en el no menos mítico Agapo de Madrid:

Durante el verano de 1990 empezamos a tontear con una versión reggae y llegamos a grabarla la primavera siguiente en el estudio de Pepe Moreno para un casete recopilatorio de grupos de Murcia que publicó el programa Música de contrabando de Onda Regional de Murcia.

Pero al final de una forma u otra nos cansamos de la broma y nunca llegamos a grabarla de verdad para ninguno de nuestros discos, aunque en algunas ocasiones nos hemos planteado la posibilidad de hacerlo. Sobre todo para el disco en directo que publicamos en 1996. Se tocó y se grabó en los conciertos, sí, pero se quedó fuera de la criba final. Después de eso, la canción se salió definitivamente del repertorio, y, según mis notas, sólo volvimos a tocarla una vez en versión acústica en 1999, con Joaquín Talismán, y otra vez, la última, en 2001, como último recurso cuando se nos habían agotado todas las que teníamos preparadas para un bis.

La canción no, pero el propio buey sí que asomaría su alegre cornamenta por uno de nuestros primeros discos, Experiencia negra (1989), como uno de los protagonistas de la canción «Boie Bagat Wo».

 

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Soy minero». A continuación: «Mi carretón».

«Soy minero»

También procedente de Mi perro monstruoso (1982) —que, recordemos, era una cinta de noventa minutos llena de canciones—, con Ricardo de nuevo utilizando como letra lo primero que encontraba a mano. En este caso unas hojas mecanografiadas con la letra de «Heart Of Gold», de Neil Young, de su disco Harvest (1972). Cuando Miguel recuperó la canción para El mundo al revés (2004), le escribió una nueva letra que homenajeaba tanto a la original de Neil Young como a la confesión de éste de haber tomado prestada una melodía de The Rolling Stones para otra de sus canciones.

La grabación para el disco se realizó en formato trío puro y duro. La canción aguantó en el repertorio del grupo un par de años, y desde entonces sólo se ha interpretado en ocasiones especiales, como en los conciertos del XX(II) Aniversario en la sala 12&medio de Murcia.

Anteriormente en Las canciones de Los Marañones: «Lo diré». A continuación: «No es raro el buey».