Mes: agosto 2007

Robert Plant y Los Marañones en Los Alcázares (29 de julio de 2007)

«¿Tenéis libre el domingo? Teloneros de Robert Plant en Los Alcázares». Eso fue el lunes, poco antes de ir al ensayo, y nada nuevo hasta el jueves, cuando, a mitad de ver la exposición de Salzillo y ya casi olvidado el asunto, me suena el móvil y confirmado, que sí, que tocamos con Robert Plant en Los Alcázares el domingo.

Poco tiempo para correr la voz, pero se hace lo que se puede. La respuesta es de excitación unánime. Claro, se trata ni más ni menos que de Robert Plant, de Led Zeppelin. En persona. En el mismo escenario. ¿Compartís camerino? ¿Haréis una jam-session? ¿Qué le vais a contar? ¿Qué le vais a preguntar? ¿Le pedís un autógrafo para mí? Calma, calma…

Quedamos el domingo en el ensayo para recoger los aperos de tocar, nos vamos hacia la playa en dos coches bien cargaditos. Como es habitual, la playa no la vemos ni de lejos, pero conseguimos llegar al Polideportivo Municipal a tiempo para hacer nuestra prueba de sonido. El equipo: Miguel, guitarra y voz (cuando funciona el micro); Carlos, órgano; Román, bajo, coros y fotos movidas; Pedrín, batería y coros; Rafa, gestión y apremio; Javi, sonido de puta madre, tomándose un descanso entre tanto perroflautismo; y Jachúa, que anduvo por allí.

Vale, compartimos el escenario con la estrella, pero no los cables, que fallan casi todos. Y los que no fallan en la prueba de sonido, fallarán en el concierto, claro. La comunicación con el de la mesa de monitores es interesante: está debajo del escenario y no nos ve, así que necesitamos un enlace. Algunos conseguimos oírnos bien (yo). Otros no (todos los demás). Sea como sea, hay que terminar, que abren las puertas. Hala, al camerino.

Lógicamente, está en la otra punta de un campo de fútbol que hay junto al recinto del concierto, y se accede por un camino de tierra (más bien de polvillo fino). Por un largo camino de tierra. Una vez llegamos al edificio, los de seguridad y unas vallas estratégicamente situadas nos dirigen hábilmente hacia nuestro camerino (en realidad, vestuario), sito en la otra punta de una pista de baloncesto cubierta, sin pasar en ningún momento por delante del camerino (en realidad, vestuario) de la estrella, que está justo al lado del nuestro.

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No hay agua, ni cerveza, ni nada. De momento. Vamos aprovechando la espera para adaptar el repertorio, que va a ser más corto de lo habitual.

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Conforme se va acercando inexorablemente el momento de subir al escenario va llegando el agua (caliente), un cubo con hielo (frío), refrescos, bocadillos de pan de molde (popularmente conocidos como sandwichs), pero nada de cerveza. Que sí, que viene ya. La comunicación funciona. Los móviles arden, los walkie-talkies se disparan. Pero la cerveza no llega. A escena.

Recorremos la pista de baloncesto, después el camino de polvillo fino junto al campo de fútbol, y subimos al escenario. Es de día todavía (a mí me gusta tocar de día), y no hay mucha gente, pero van llegando. Llega también la cerveza. Fresca. La gente de Robert Plant se ha dejado encendidos los ventiladores de delante del escenario. Se agradece. Empezamos. No se oye la voz de Miguel. La primera canción es, pues, instrumental. Vale. Cambian el cable del micrófono. Cuando nos faltan unos diez minutos de repertorio nos avisan de que nos quedan diez minutos. Dos minutos después nos quedan cinco. De alguna manera, conseguimos terminar a tiempo. Bueno, cinco minutos después de tiempo.


Foto de Tomás Vera. Más fotos y crónicas del concierto aquí.

Las canciones, para el que le interese: «Juego sucio», «Fuera de límite», «Siete mares», «Saluda al tren», «Mucha tranquilidad», «Atrapado», «Impresionado», «La sombra», «No te tengo», «Mi amor es para Luci», «Muy buenas horas», y «Shangri-La». Adiós. Gracias.

Y al camerino, todos sudados. Es decir, a recorrer de nuevo el campo de fútbol. Afortunadamente, está oscureciendo. Ahora se oyen voces en el camerino (vestuario) de al lado. En inglés, con risas. Nos refrescamos, nos cambiamos, nos refrescamos un poco más, y nos asomamos al pasillo porque alguien dice que ya está saliendo la estrella para ir a tocar. Vemos de espaldas a Robert Plant alejándose, alguien le grita: «Robert! Good luck!». Y se vuelve, nos sonríe y levanta el pulgar. Y se aleja andando como andan las auténticas estrellas del rock.

Nos quedamos un rato hablando de cuántos imitadores (buenos y malos) tienen esos andares. Luego hablamos de la Beat Generation, aparentemente sin solución de continuidad.

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En fin, es hora de salir del vestuario, de nuevo hacia el recinto del concierto (al otro lado del campo de fútbol), a ver si podemos ver algo. Pero antes hay que quitar los coches porque estorban para mover luego los camiones del equipo, así que hay que recoger los aperos de tocar y meterlos en los maleteros. Mientras tanto, se escucha música desde el escenario, y de vez en cuando nos acercamos por un lateral a verle la cara a Robert Plant. Cada tanto se le oye decir en español: «¿Bastante?». Ésta que empieza parece… sí, es «Black Dog», creo que la primera de Led Zeppelin que se toca hoy. Llevamos los coches a la parte de los vestuarios, y nos acercamos al camerino de nuevo a por lo que hay allí y a comernos más bocadillos de pan de molde (en inglés, sandwichs, pero, ¿cómo se dice «chorizo» en inglés?). Otra vez al concierto, a ver cómo va, pero esta vez por delante del escenario.

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Eso significa ir saludando a todos los conocidos que hay por allí, por supuesto después de conseguir una cerveza en la barra (las escasas que finalmente habían llegado al camerino/vestuario volaron inmediatamente después del concierto). Hola, qué tal, cómo ha sonado, no sé, acabamos de llegar, cómo mola Robert Plant, no sé, acabo de llegar. Todavía no me ha dado tiempo de mirar hacia el escenario, pero parece que lleva un rollo árabe o indio, ¿no? Hola, Javi, qué tal, cómo ha sonado, de puta madre.

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Bueno, a ver si consigo ver algo del concierto. «Adiós, gracias». Vaya. Bueno, supongo que habrá un bis. El problema es que entre que sale y no sale hacemos pandilla en círculo junto al puesto de bocadillos y nos ponemos de conversación con los amiguetes, así que cuando vuelve a salir Don Roberto con su grupo estamos más en lo nuestro que otra cosa. Ésta que empieza parece… sí, seguro que va a ser… Correcto, «Whole Lotta Love», con interludio indio incluido.

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Se acaba todo, cierran la barra, y nos vamos hacia los coches. Parada en el banquillo para hacernos una foto, paso por el vestuario/camerino para pillar otro sandwich de chorizo y una Coca-Cola (no queda otra cosa) para el camino, y a Murcia. Como era de esperar, Robert Plant se ha ido ya hace un buen rato. Por el camino seguimos hablando de la Beat Generation entre rotonda y rotonda. Una charlita en el ensayo después de descargar y cada uno a su casa.

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Comentarios (rescatados)

EL DEPENDIENTE D LA TIENDA DE COMIC’S, 6 de agosto de 2007

Pues, es verdad, las fotos estan movidas, la pena , penita, pena, que el menda, sentadito en el cesped(ja,ja,ja,ja) quiero decir sobre algo verde, y «polvo del camino», bebiendome una cervecita , fría, muy fris y viendo y escuchando a los grandes Marañones…….

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